sábado, 1 de junio de 2013

LA HIJA DEL VETERINARIO. Barbara Comyns

Título: La hija del veterinario
Autora: Barbara Comyns
Traducción: Catalina Martínez Muñoz
Editorial: Alba Editorial
Págs: 200
Precio: 19,50 €

A muchos les parecería la mar de divertido vivir en una casa rodeada de animales. Puede que no lo sea tanto si tienes que cuidar de todos ellos. Menos aún si el jefe de la casa es un ser odioso que te trata como si fueras basura y tus pocos aliados son alejados de ti a la primera de cambio. Y si no, preguntadle a “La hija del veterinario”, la protagonista de la obra homónima de Barbara Comyns.
Alice es una joven de diecisiete años que vive con sus padres en un barrio de Londres. Su padre es veterinario, y la casa parece un zoológico. Su madre está enferma, no tardará en dejar a Alice. Pero el veterinario tiene ya a una sustituta, Rosa, una mujer de bajos fondos que no tarda en imponer su voluntad en su casa. Menos mal que a Alice aún le quedan amigos, y hasta un pretendiente que le brindará una nueva y aún más extraña vida. Y ciertos poderes, unos que definitivamente harán de Alice una chica especial.
Algunas historias requieren de un tono especial y cierta atmósfera para hacer que los lectores sientan justo lo que los escritores tienen planeado en su mente. Algunos autores lo intentan, pero se quedan a la mitad. Otros, sin embargo, lo hacen con tal maestría, que la historia narrada queda en el recuerdo del lector para toda la vida. Este último es sin duda el caso de Barbara Comyns y su novela “La hija del veterinario”, una historia con cierto aire gótico protagonizada por una inocente chica de diecisiete años que es a la vez la narradora.
La vida de Alice no ha sido nunca un camino de rosas. Su padre es un ser despótico que la odia por no haber nacido varón y maltrata con saña a su madre. Su madre, además, está gravemente enferma. Cuando esta muere, su padre no tarda en imponerle una madrastra lamentable. Finalmente, Alice acaba en una casa de campo, cuidando a la depresiva madre de su pretendiente, al que ella llama “Ojitos”, en compañía de unos sirvientes totalmente indeseables. Y luego está el tema de sus “poderes”: ¿son una bendición o una condena?
Me gusta Alice, la protagonista y la narradora. La chica es un ser inocente, casi una niña, que cuenta las cosas con una naturalidad y una frescura envidiables. No quiero decir con esto que Alice sea una tonta. En realidad, su voz literaria es de las más inteligentes que he encontrado últimamente. Una voz a la vez inquietante y mesurada que, como decía antes, os hará sumergiros en una historia sin igual con ciertos tintes góticos y dickensianos.
La novela está ambientada en la Inglaterra de los años 50 del siglo XX, aunque yo al leerla he pensado incluso que podría encuadrarse en una época más lejana. Esto se debe al aire atemporal de la narración y a esos detalles tan sumamente anticuados que se me antojan casi decimonónicos.
He hablado hasta ahora prácticamente solo de Alice, la protagonista, cuando en realidad el resto de los personajes también son importantes para esta historia. Todos y cada uno de ellos, además de estar perfectamente perfilados, cumplen un papel muy concreto en la trama. Destacan el veterinario, ese hombre alcohólico y, por qué no, malvado, que maltrata a su mujer y aterroriza a su inocente hija; la madre, esa mujer enferma que teme más a su marido que a la muerte; Lucy, la amiga sordomuda de Alice, una chica valiente a la que conoceremos sobre todo indirectamente; la señora Churchill, la mujer que se hace cargo de la casa cuando la madre empeora y protege a Alice; Henry Peebles, “Ojitos”, el pretendiente al que Alice no ama pero con el que acepta salir y Rosa, la tabernera metida a madrastra, una mujer imposible.                                                  
La realidad y la fantasía van fundiéndose poco a poco en esta historia de final incierto. No sabría decir si la historia acaba bien o mal para la protagonista. Lo que sí puedo afirmar es que el último capítulo supone un gran colofón para esta novela.
“La hija del veterinario” es, en definitiva, una historia muy buen narrada protagonizada por una inolvidable muchacha que llegará al corazón hasta de los lectores más intransigentes. La historia, escrita hace un buen puñado de décadas, es todavía fresca y original. Intriga, inquieta, hace que queremos devorar el libro de una sentada. Fantástica en todos los sentidos de la palabra. Yo que tú no me lo pensaba.
Cristina Monteoliva 

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