viernes, 12 de abril de 2013

NOSTALGIA. Mircea Cartarescu


Título: Nostalgia
Autor: Mircea Cartarescu
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Editorial: Impedimenta
Págs: 375
Precio: 23,95 €

“Nostalgia”  es el conjunto de relatos que publicó Cartarescu en 1993. Recortada en su día por la censura en su Rumanía natal y apenas conocida en España, Impedimenta nos ofrece el volumen tal y como lo redactó el autor, por primera vez en español.
La edición comienza con un prólogo de Edmundo Paz de Soldán, que leí con miedo, miedo de que contara de más del libro. Nada más lejos de la realidad: el prologuista, como yo, descubrió al autor con el primer libro que publicó la editorial, “El ruletista”, que también se recoge aquí.
Comenzando con “El ruletista”, que ya comenté en otra ocasión, Cartarescu nos adentra en un mundo de decadencia, protagonizado en su mayoría por adolescentes confusos, que viven en un lugar inhóspito en el que proliferan las puertas rojas.
Sus historias son bien diferentes: si en “El ruletista” nos encontramos a un señor obsesionado con el juego de la ruleta rusa, en “El Mendébil” son un grupo de niños los protagonistas de la historia, escolares que juegan y prestan atención al curioso nuevo amigo que han encontrado. Mientras pasan el tiempo inventando extraños juegos con los que pasar las tardes, el Mendébil irrumpe en su vida para mostrarles algo más allá de sus mentalidades infantiles.
Está claro, sin embargo, que “Nostalgia” va ganando puntos conforme avanzamos. Eso es porque en “Los gemelos” ya encontramos muchas de las características que posteriormente desarrollará en “REM”. Y es precisamente “REM” el relato que destaca sobre todos los demás, una crónica onírica entre el recuerdo y el sueño, donde la realidad y la imaginación se tocan y se mezclan.
El último relato es “El arquitecto”: la obsesión de un hombre normal y corriente por un coche, y en concreto por el sonido del claxon del coche.
El estilo del autor recuerda, en muchos casos, al realismo mágico de García Márquez, aunque si bien despojado de diálogos (no aparece ninguno en todo el libro), en el que además incluye aspectos que recuerdan a Kafka: obsesiones con el subterráneo, mundos oscuros y nebulosas en las que es complicado distinguir realidad de ficción. El modo de escoger las palabras es poético, o incluso matemático: el lector puede apreciar de un lado, que no hay palabra más exacta que la que escogió el autor en ese momento, y de otro, la belleza de comunicarse de esa manera. Cartarescu se explaya, pero no se hace pesado, es inteligente y no aburre al lector, sabemos que puede condensar toda su historia en unas pocas páginas, como ocurre con “El ruletista”, y sin embargo, que es capaz de una aventura más compleja como la de “REM”, que nos deja fragmentos como el que sigue: “No me has contado nada de tu juego de Reinas, eres muy mala. Pero yo lo conozco mejor que vosotras y te puedo decir que en él todo tiene un significado y que tus sueños y tu juego, trenzados entre sí, configuran la telaraña que has tejido, no para capturar algo con ella, sino para ser atrapada. Porque nosotros somos unas simples moscas que secretan la red y la araña es la misma para todas. Nos visita una sola vez, cuando la telaraña está lista para poder aguantar su peso. Y solo tú, entre todas las criaturas de este mundo, podrás escapar por un instante de tu propia red, sólo a ti se te ha concedido esta oportunidad.”
Para mí leer a Cartarescu es un placer. En mi opinión, es un genio de las palabras, una persona que hechiza cuando nos cuenta una historia, tramas además molestas, como ya ocurriera con “Lulu”, en la que nos vemos reflejados, grandes reflexiones y paradojas, miedos y frustraciones. Cartarescu es un autor de sensaciones, de cualquiera de los sentimientos que además sabe muy bien cómo desarrollar una trama, cómo hacer para que el lector no pierda el interés. Y lo cierto es que lo consigue. Me declaro una verdadera admiradora del rumano y leeré cualquier cosa que tenga su nombre en la portada. Mi mayor recomendación es que lo leáis, que os acerquéis a la prosa elegante  e inteligente de un autor al que sin duda alguna, le darán el Nobel.
Laura Corral

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