jueves, 25 de abril de 2013

LA SEÑORITA DASHWOOD. Elisabeth Taylor


Título: La señorita Dashwood
Autor: Elizabeth Taylor
Traducción: Claudia Casanova
Editorial: Ático de los Libros
Págs: 256
Precio: 18,50 €

Últimamente me ha dado por leer novelas ambientadas en siglos pasados, en los siglos aquellos en los que las relaciones entre los humanos —por muy simples que fuesen a primera vista— eran diseccionadas en las historias de las novelas. Es ése el caso de La señorita Dashwood, novela editada por Ático de los libros muchos años después de su publicación. Es de agradecer que algunas editoriales nos ofrezcan la oportunidad de hacernos con este tipo de lecturas (sin desprestigiar a los autores actuales, por supuesto).
En La señorita Dashwood se nos cuentan los avatares que sufrirá la joven Cassandra Dashwood, que ha quedado huérfana tras el fallecimiento de su padre. Esta joven, demasiado tímida a veces, vive sumida en el mundo que ha conocido a través de los libros. Estamos ante una especie de madame Bovary que ansía vivir la vida de las heroínas que ha leído en las novelas. Ya al principio se nos muestra esto al declarar el narrador que Cassandra guía su vida basándose en las acciones, actitudes y pensamientos que ha conocido por los libros. Ahora, sola, no sabe muy bien qué hacer, pero la directora del colegio donde estudió le consigue trabajo como institutriz de la hija del señor Vanbrigh, un viudo de vida acomodada que no logra olvidarse de su difunta esposa. ¿Qué sucederá cuando Cassandra llegue a la casa de este hombre?
Alguno de los aspectos que resaltan en la trama de la novela es el cambio progresivo que experimenta la protagonista: ella concibe que todas las institutrices deben terminar casándose con sus empleadores. Las primeras páginas de la novela nos envuelven en estos pensamientos tan inocentes de la muchacha, dotando a la historia de tintes irónicos y cómicos. No obstante, lo que Cassandra se encuentra en la casa es totalmente distinto a lo que ella esperaba y es lo que marcará el cambio en sus pensamientos y acciones. Y es que en esa casa la falta de alegría y de vida es síntoma del deterioro de un pasado mejor. Allí viven Tom, el hermano del señor Vanbrigh, el cual ahoga sus penas en la bebida, de la que ha hecho un modo de vida. También están allí la tía Tiny, madre de Margaret, la prima embarazada de Marion que agria la vida de todos los personajes con sus continuos cambios de humor y su predisposición a criticar cualquier comportamiento que no considere adecuado (o cualquier comportamiento que se aleje al de ella). Por último, está Sophie, la pequeña que vive echando de menos a su madre —aunque no la ha conocido— y que guarda multitud de cualidades positivas que nadie, en la casa, aprovecha para desarrollar. Con la llegada de Cassandra todo esto cambiará y, a pesar de su timidez, conseguirá aportar un poco de alegría y luz a la monótona vida de la casa.
Las relaciones complejas entre los habitantes de la casa son las que van marcando el devenir de los acontecimientos y las que permiten entender los porqués de sus comportamientos.
Taylor pone de manifiesto en esta novela su capacidad para diseccionar las relaciones familiares de la clase media. Asimismo, se permite una cierta distancia para contar una historia que va desvelando poco a poco los secretos de determinados personajes. Los giros sorprendentes dejarán de piedra a los lectores.
Elena Montagud

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