lunes, 7 de enero de 2013

NOVELAS BREVES. Juan Carlos Onetti


Título: Novelas breves
Autor: Juan Carlos Onetti
Editorial: Eterna Cadencia
Págs: 252
Precio: 21 €

La editorial Eterna Cadencia ha recopilado en su libro Novelas Breves, todas las novelas cortas que escribió el gran narrador uruguayo Juan Carlos Onetti (1909-1994). Poco hay que decir de este grande de las letras que no se sepa, emulado por muchos, ganador de premios como el Premio Nacional de Literatura de Uruguay, Premio Cervantes, Premio de la Unión Latina de Literatura… Un maestro, sobre todo, en los relatos y las narraciones cortas donde la intensidad de sus palabras y tramas condensadas brillan mucho más.
Este libro que contiene sus Novelas breves lo demuestra. Las siete narraciones nos atrapan en ese juego, a veces retorcido, del narrador único, casi siempre oscuro que nos acerca desde sus ojos -que son los nuestros-, que no lo saben todo, lo que observan.
En El pozo, un hombre lejos de casa, recuerda mientras espera al compañero que no llegará, lo que fue su vida, sus ilusiones y comprueba que ninguna se hizo realidad.
En Los adioses, el que nos lo cuenta es el camarero del bar de un pueblucho donde los visitantes son, mayormente, tuberculosos ya que el sanatorio es lo más importante que tiene, entre los parroquianos y él asumen lo que les sucede a los pacientes, hasta que prejuzgan a un hombre y su vida; la amargura de haber juzgado tan mal le marcará.
Para Una tumba sin nombre, quien nos cuenta el entierro de una desconocida es uno de los jóvenes de la localidad, donde él mismo va entrando en la historia de la muerta y nos desconcierta con su realidad.
La cara de la desgracia es una novela corta preciosa donde se le da la vuelta a la trama, el que recuerda y cuenta puede haber mentido, o no. Es casi una historia de fantasmas.
Jacobo y el otro, nos narra la tristísima vida de los fracasados, de los que fueron y ya no son; una pelea contra el que fue un coloso, nos sitúa en la decadencia del ser humano y lo difícil que es asumir que no somos quienes fuimos o quienes creímos ser.
Tan triste como ella, nos cuenta una historia con un final suicida que comprendemos por haber sido testigo de ella.
Y por último La muerte y la niña, es un duelo de poderes entre el médico y el cura para controlar las vidas y muertes de sus habitantes.
En todas ellas, el ambiente que se crea suele ser más bien tenso, oscuro, de fracasos, traiciones, vidas sórdidas y casi al límite, donde nosotros junto con el narrador las vemos desfilar, evolucionar, estrellarse contra sus propias acciones, pero también las contemplamos con ternura, humanidad y comprensión. Lo que vemos, lo que nos cuenta, nunca nos deja indiferentes; son vidas ajenas que hacemos nuestras, aunque no nos identifiquemos del todo con sus circunstancias, muchas veces, extremas, aunque sí logra la empatía del observador, que pese a lo que ve, pese a no implicarse directamente en lo que observa, sí los entiende desde la objetividad. Desde la posición privilegiada del que sabe ver y contar.
Pocas, pero en algunas, el narrador da un salto y es también protagonista; no solo ve sino que se ve con una lucidez que deslumbra; no cae en el autoengaño y no nos deja compadecerle. Es lo que es. Nos cuenta lo que fue y siempre logra que nos adentremos en esas tramas turbias con esas frases suyas que alumbran esa oscuridad.
Leer a Onetti es una experiencia que dura más allá de las páginas escritas.
Eva Monzón Jerez

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