jueves, 13 de diciembre de 2012

LOS PÁJAROS AMARILLOS. Kevin Powers


Título: Los pájaros amarillos
Autor:
Kevin Powers
Traducción: Jesús Gómez Gutiérrez
Editorial: Sexto Piso
Págs: 192
Precio: 18 €


Kevin Powers es un veterano de la guerra de Irak que ha escrito una novela ambientada en ese conflicto armado. Nada nuevo en el guión, de momento. La literatura bélica y las memorias de guerra que glosan tanto la vida militar como los eventos más destacados de la lucha son géneros a los que han recurrido numerosos autores, consagrados o principiantes (como es el caso de Powers), y que siempre goza de buena acogida por parte del público lector, sobre todo si esas narraciones están vinculadas a contiendas recientes o poseen la veracidad de quien ha vivido los hechos en primera línea, desde la trinchera.
En el caso de Los pájaros amarillos, se cumple a la perfección aquel viejo aserto literario según el cual no es decisivo lo que se cuente, sino cómo se cuenta. La perspectiva, el punto de vista y la manera de afrontar un relato de este estilo es el elemento fundamental que, en definitiva, nos dará la medida de su valor como obra literaria y su merecimiento como lectura recomendable. En este sentido, creo que Kevin Powers ha acertado de pleno, por dos motivos: propone un punto de vista novedoso, original dentro de lo que convencionalmente consideramos literatura bélica; y por otra parte, desarrolla la historia mediante una prosa medida, contenida y certera (lo que no suele ser habitual en novelistas poco experimentados), sin divagaciones ni excursos, introspecciones y demás añadidos que habrían resultado tan legítimos como inoportunos en una obra concebida por alguien que relata su experiencia de la guerra y que, insisto, lo hace en una primera obra. Por el contrario, Powers parece conocer el valor de lo conciso, la fuerza de la precisión, la eficiencia de un estilo directo y rotundo. También es cierto que la literatura norteamericana es una gran escuela en este sentido (la novela negra y detectivesca pesan mucho en ese ámbito); pero también es verdad que, en todo caso, Powers habría salido alumno muy aventajado, brillante, en esta materia.
El argumento es sencillo, como corresponde a una novela de corte bélico: dos soldados americanos intentan sobrevivir en el mortal espejismo de la guerra de Irak. ¿Dónde reside entonces la originalidad de Powers? Pues precisamente en haber sabido caracterizar con asombroso tino y no poca descarnada sinceridad el valor psicológico y moral de esta situación. Los soldados de la guerra de Irak no son los de la Segunda Guerra Mundial, ni los de Vietnam. Aquellos participaban de un ideario colectivo heroico; estos, de una conciencia de generación rota que los conducía a posiciones ideológicas desacomodadas con el sistema, cuando no los condenaba directamente a la marginalidad. Los combatientes en la guerra de Irak son como el reverso de ambos casos. No hay grandes ideales, no hay lamento generacional, político-social... No hay apenas realidad porque el soldado Bartle, protagonista de la novela, elude los horrores de la lucha y conjura su miedo y desesperación mediante una sagaz huida hacía sí mismo, sus recuerdos, la evocación de su vida anterior a la guerra y algunos hechos igualmente terribles que sucedieron en ese tiempo.
El soldado en Irak es un hombre (una mujer a veces), que está en guerra con el mundo y contra sí mismo, y esa guerra ocurre en los desiertos y las ciudades sepulcrales que se desvanecen bajo el tirano sol irakí o en su propia experiencia, como ser “enfrentado con la vida”. No ha exculpación ni justificación, no hay queja ni ira, apenas hay consideraciones ideológicas en el relato. Un sentimiento y un afán se imponen por encima de todo: sobrevivir. Y para un superviviente de la guerra y de sí mismo, las consideraciones morales, los sentimientos de culpa y atrición, el análisis de su propia responsabilidad en cada uno de los hechos horrendos que acontecen y de los que consigue salir vivo, sobran. Todo eso sobra si se quiere sobrevivir. El trabajo es más sencillo de lo que parece, al menos teóricamente: mantener la piel lejos de las balas y las bombas.
Estremecedora novela esta de Los pájaros amarillos. A lo largo de sus páginas, con cierto desasosiego, descubrimos una verdad intuida muchas veces aunque nunca aceptada de buen grado: los soldados que combatieron en la guerra de Irak son el paradigma del ciudadano contemporáneo: primero vivir y después filosofar (si es que hay tiempo y ganas). De estos malos tiempos para la ética, Powers ha conseguido recuperar una novela a la que no aplico el calificativo de “magistral” porque a los autores nuevos conviene animarles pero no endiosarles.
José Vicente Pascual
 

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