jueves, 8 de noviembre de 2012

MUNDOS CRUZADOS. Fernando de Villena



Título: Mundos cruzados
Autor: Fernando de Villena
Editorial: Ediciones Evohé
Págs: 296
Precio: 17,50 €

Fernando de Villena nos trae una sorprendente novela cuyo título –Mundos cruzados- ya anticipa una de las interesantes cuestiones entre las muchas que se tratan en la obra.
Mundos cruzados es la historia de un gran número de personajes (algunos son históricos, otros inventados por el propio autor) que tuvieron que emigrar a Hispanoamérica debido a la situación en la que se encontraba España (inquisiciones, guerras, penurias económicas…) y, también a la inversa. Es así, también la historia de muchos hispanoamericanos que buscaban huir de las colonizaciones y las dictaduras de su tierra.
Como auténtica fan de la historia latinoamericana desde sus inicios hasta ahora, he disfrutado como nadie de esta obra. No obstante, estoy segura de que cualquiera puede disfrutar con ella pues Villena es un auténtico maestro a la hora de mantener la atención del público lector. Todos aquellos que cojan este libro querrán continuar leyéndolo hasta su fin.
Como he dicho antes, en Mundos cruzados hay un sinfín de personajes –principales unos, secundarios los otros, pero no por ello menos importantes- que van construyendo una red con muy cercanas conexiones. Cabe destacar que la historia comienza con el reinado de Carlos I de España y que finaliza más o menos en nuestra época. Los lectores pensarán qué debe suceder en todas esas páginas que separan tantos siglos. Pues bien, resulta que el punto de unión entre las diversas historias que aparecen en la novela es un reloj que va pasando de unas manos a otras. Además, hay otro factor en común, y es que las manos por las que pasa son todas de la misma sangre: generaciones y generaciones que la comparten. Tatarabuelos, tataranietos, hijos, madres, hermanos… Todo un árbol genealógico que Villena ha sabido crear con un arte inigualable. En ese árbol genealógico hay moriscos, pero también españoles de pura cepa o indios. Toda una mezcla que representa, sin lugar a dudas, lo que ha sido toda una historia compartida. Así, entre los ires y venires el reloj va de acá para allá, pero casi siempre de España a Latinoamérica.
Por otra parte, la recreación de los personajes históricos me ha parecido sencillamente maravillosa. Aparecen en los momentos justos y, aunque no se quedan mucho entre nosotros, dejan su huella. El lector sonreirá ante sus apariciones y quedará encantado. No obstante, la mayor fuerza la transmiten los personajes inventados por Villena que son, sinceramente, una maravilla. De todas las razas, edades, sexos, personalidades y caracteres… Cada uno de ellos tiene una historia diferente pero a la vez común. Son seres inventados que, sin embargo, pueden haber existido en esos momentos y en esos lugares.
También me gustaría señalar que el estilo narrativo de Villena muestra años y años de trabajo. Se mantiene el decoro a cada momento, los personajes hablan como tienen que hablar en cuanto a su condición o la época en la que viven. El narrador, en tercera persona y que se comporta como un cronista, es una delicia en el sentido narrativo. En muchas ocasiones sus formas recordarán al lector al narrador de Cien años de soledad.
Mundos cruzados está dividida en capítulos y cada uno de esos capítulos se centra en la vida de un personaje distinto, desde que nace o desde su niñez (a veces desde su adolescencia) hasta el final de su vida. Todos ellos, como he dicho, se encuentran relacionados y son familia. Y, por medio, siempre está el reloj, regalo de uno de los personajes más importantes de la historia de España: Carlos I. Ese reloj llegará hasta la última familia que aparezca en la novela y acabará en manos de dos anticuarios que discutan sobre nuestra historia, esa historia que hemos compartido con una tierra hermosa y llena de penurias como la nuestra.
Villena es un autor con una gran experiencia, la cual vuelve a demostrar en esta maravillosa novela que, en ocasiones, recuerda al dinamismo de Cien años de soledad. Una maravillosa crónica de siglos y siglos de felicidad y tristeza.
Elena Montagud

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