jueves, 22 de noviembre de 2012

LOS DESORIENTADOS. Amin Maalouf


Título: Los desorientados
Autor: Amin Maalouf
Traducción: María Teresa Gallego Urrutia
Editorial: Alianza Editorial
Págs: 528
Precio: 22 €

Los desorientados, publicada por Alianza Editorial y escrita por Amin Maalouf (1949), es algo más que una simple novela. Su autor, nacido en el Líbano de donde se tuvo que exiliar a Francia cuando estalló la guerra en su país en 1975, periodista y escritor, ha sido galardonado internacionalmente no solo por su trayectoria literaria sino por su empeño en acercar posiciones entre Oriente y Occidente. Se le dio el Príncipe de Asturias en 2010 precisamente por eso.
En Los desorientados, su última novela, el autor intenta de nuevo ese acercamiento. El protagonista, Adam, un historiador libanés exiliado en Francia, recibe la noticia de que uno de los amigos de su juventud, uno al que dejó de hablar y tratar, está muriendo y pide verle. A partir de esa premisa, se monta la novela. Adam no solo regresa a intentar un acercamiento con quien fue su amigo, lo que no logra porque muere antes de llegar a verlo, y su pasado, sino que intenta que los demás miembros de la pandilla de jóvenes que una vez vivieron su país con la ilusión de las ideas, proyectos y deseando lo mejor para él, se reúnan de nuevo en la ciudad, ya que varios de ellos, desencantados o temerosos del giro de la Historia, se exiliaron, como él, a diferentes partes del mundo, habiéndose hecho un futuro jamás pensado cuando jóvenes.
Cada personaje traerá a la reunión sus creencias, ya que cada uno profesa una fe distinta -los hay judíos, cristianos y musulmanes- y sus vivencias; sus puntos de vista, tanto social como religioso, del panorama del país propio y el de acogida. Están los que se quedaron, los que se fueron, los que triunfaron, los que decidieron enclaustrarse; una mezcla real y casi prototípica de las posturas y religiones que cohabitan en Libia.
Desde sus visiones adultas conversan, se justifican, ponen en tela de juicio sus acciones enmarcadas siempre por la Historia del país y la necesidad que tuvieron de sobrevivir a ella.
La novela está narrada, en gran parte, de forma epistolar y con diálogos directos. El final da un giro hacia la incertidumbre y quizá hacia una postura pesimista del futuro de un país que necesita integrarse y ser integrado en un Occidente más bien ciego, dejando patente la urgencia de que Oriente aprenda a tolerar y a crecer con, y a pesar de, sus contradicciones, idiosincrasias y conciencia de una realidad que no ha de ser, precisamente, la de los rencores, fanatismos y aislamiento.
Eva Monzón Jerez

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