lunes, 26 de noviembre de 2012

HOMBRE MUERTO CORRE. E.P. Kaplan



Título: Hombre muerto corre
Autor: E.P. Kaplan
Editorial: La Página Ediciones
Págs: 222
Precio: 17 €

En narrativa, creo que la saga de “Heliconia” (iniciada en 1981 por Brian Aldis) fue la que inauguró el subgénero. Sin embargo, donde el reality extremo da más de sí es en la expresión cinematográfica, desde títulos ya un poco lejanos como  “Rollerball” (1975) y “Tron” (1982) al muy reciente “Los juegos del hambre”, pasando por imitaciones de mal gusto como aquella bazofia de “Holocausto caníbal” y otras parecidas. No es de extrañar por tanto que una novela sobre el mismo asunto acuda de inmediato a referencias cinematográficas como soporte ambiental de la narración. Desde el nombre del autor (un improbable E.P.Kaplan, cuya firma es sinónimo de ventas millonarias en el mercado del best-seller), al de los personajes principales (el mismo Kaplan, Betman), las alusiones al bagaje clásico del cine de intriga son continuas, si bien hay un especial detenimiento (como no podía ser menos), en “Con la muerte en los talones” (1959), obra maestra de Hitchcock cuyo título resume prácticamente el argumento de Hombre muerto corre.
Con la muerte en los talones, en efecto, un antiguo atleta pedestre con problemas de ansiedad y ataques de pánico, muy venido a menos por causa de un horrendo accidente familiar, corre en busca de un maletín en el que se encuentra su recompensa: 50.000 euros, siempre y cuando consiga librarse del sicario que procurará impedir su propósito y encima matarlo, como si birlarle los 50.000 euros no fuese de por sí suficiente fechoría. Mientras Kaplan se las arregla para llegar hasta el maletín y mantener su piel en un sitio y los agujeros de  bala en otro, un grupo de ricachones apuesta por él o por su perseguidor y siguen los lances de esta carrera a vida a muerte en directo, a través de un sofisticado sistema de transmisión por vídeo. O sea, el juego a vida o muerte entre el cazador y la presa.
Ese es el argumento a grandes trazos de Hombre muerto corre. Desde mi punto de vista, y a lo mejor me equivoco, cumple perfectamente con lo prometido por el editor en la contraportada del libro, aunque quizás podría haber ofrecido más, profundizar en el protagonista y sus motivaciones últimas, así como en algunos otros personajes de la novela que en principio se imponen como interesantes, tal el caso de la ex - mujer de Kaplan-Víctor Ramos.
La acción transcurre como una especie de road movie por carreteras secundarias. Probablemente a esa intención de buscar escenarios “en mitad de la nada” se deba el que las localizaciones resulten algo pintorescas como Trujillo, Calatayud, Cuenca o Alcorcón (sede de los apostadores). Todo lo cual da como resultado una novela entretenida, narrada muy ágilmente y con indudable oficio. Hombre muerto corre da sobradamente para pasar una amena tarde de lectura, y de vez en cuando se nos ofrece el acierto de “picar” al lector con referencias cinéfilas que son como pequeños acertijos en la narración, un añadido que es muy de agradecer.
Como única pega, no insalvable aunque de ella dejo constancia, cabe señalar que la soltura estilística de E.P.Kaplan puede verse un tanto mermada por el uso continuo del presente de indicativo como voz narradora, recurso muy cinematográfico pero con pulso difícil de mantener a lo largo de más de doscientas páginas. Resulta meritoria la voluntad de oficio y asumir el riesgo de la primera persona; y como con todos los riesgos, a veces se acierta y otras menos. En general, ese casi omnipresente de indicativo funciona. En determinados tramos de la novela, se agradecen las elipsis que remiten al pasado del protagonista y retoman la más fluida voz omnisciente en tercera persona. El pretérito imperfecto siempre es perfecto para la novela. De eso sí estoy convencido.

José Vicente Pascual

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