lunes, 29 de octubre de 2012

TRES ROSAS AMARILLAS. Raymond Carver


Título: Tres rosas amarillas
Autor: Raymond Carver
Traductor: Jesús Zulaika
Editorial: Anagrama
Págs: 160
Precio: 7,90 €

Decir que Carver es un maestro del relato corto no es ninguna novedad, pero tampoco está de más recordarlo. Su muerte prematura a los cincuenta años, a causa de un cáncer de pulmón, deja su producción en un número de libros muy inferior al que nos habría gustado leer. Se dijo que era el escritor que América no se podía permitir perder. A pesar de su relativamente escasa producción (cuatro libros de relatos publicados en vida, además de Si me necesitas, llámame, que vio la luz de forma póstuma), se le considera uno de los grandes del siglo XX y se le llega a comparar con Chéjov.
Tres rosas amarillas, aparecido en 1988, fue su último libro de relatos publicado en vida. Diez años después, consolidada de forma sobrada la fama de Carver, surge la polémica acerca de las correcciones que su editor, Gordon Lish, hizo de los dos primeros libros de Carver. A raíz de estudios de gente como Alessandro Baricco (véase su artículo “El hombre que reescribía a Carver”), que tuvo oportunidad de acceder a los textos originales del autor, sabemos que Lish aplicaba una gélida tijera a los relatos, reduciéndolos en extensión y cambiando numerosos finales e incluso algún título. Su segundo libro, por ejemplo, pasó de llamarse Principiantes a De qué hablamos cuando hablamos de amor. Anagrama publicó precisamente hace unos años el libro tal y como lo concibió Carver, y con su título original.
Como sabéis los asiduos del autor, se incluye a Carver en la nómina de autores del realismo sucio. Suelen habitar sus historias alcohólicos, divorciados, desempleados a la deriva, matrimonios en crisis. Es lo que encontramos en Tres rosas amarillas, donde Carver vuelve a dar muestras de su grandeza. El séptimo y último relato de la colección, que da título al libro, es el único que se sale de lo normal, ya que retrata los últimos días de Ánton Chéjov. En los otros seis encontramos historias de parejas, madres quejosas, alcohólicos rehabilitados que se despiertan y se fuman un cigarrillo de madrugada mirando el vacío…
Como Bolaño (otro que murió con cincuenta años), Carver es sentimental. En sus relatos la gente se abraza, se coge de la mano, rompe a llorar. Sus personajes nos resultan extrañamente reales, de carne y hueso. El de Carver parece un mundo cercano y auténtico, como el aire que respiramos. “Redención” es otra de las palabras clave.
Llevaba unos años sin leer nada suyo y el reencuentro ha sido una delicia. No cabe duda de que es de esos autores que tienen un sello propio.
Jesús Artacho Reyes

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