lunes, 22 de octubre de 2012

NADA SE OPONE A LA NOCHE. Delphine de Vigan


Título: Nada se opone a la noche
Autora: Delphine de Vigan
Traducción: Juan Carlos Durán
Editorial: Anagrama
Págs: 376
Precio: 19,90 €

La muerte de una madre suele desatar un tsunami emocional en los hijos. Todo se vuelve aún más intenso si la madre era joven (o relativamente joven), si la relación con ella fue difícil, si la hija o el hijo tuvo la mala suerte de encontrarla muerta sin sospechar que esto sucedería. Este es el punto de partida de “Nada se opone a la noche”, la exitosa novela de Delphine de Vigan (los premios, cinco en Francia el año pasado, y los ejemplares vendidos, quinientos mil en 2011 en el país galo, así lo avalan) de la que hoy hablaremos.
La autora de esta novela biográfica e intimista llegó un día a casa de su madre y la encontró muerta. Hacía días que ni su hermana menor, Manon, ni ella sabían nada de Lucile, su progenitora. Lucile sufría de un trastorno bipolar y había padecido cáncer de pulmón recientemente. A pesar de todo, nada hacía sospechar que Lucile, al igual que otros miembros de su familia, acabaría suicidándose.
El impacto de la muerte de su madre provoca en la hija mayor un torrente de sentimientos encontrados que la escritora necesita plasmar en el papel. Pero, ¿cómo? ¿Será acaso posible escribir una biografía en homenaje a Lucile sin expresar todos los rencores que la autora de este libro siente hacia ella? ¿Será capaz Delphine de ordenar de una forma coherente tantos sus recuerdos como los que los otros miembros de su familia tienen de Lucile? Y, al final, ¿servirá todo esto de algo?
La escritura es una forma de catarsis. Así, la mayoría de los escritores de ficción acaban incluyendo datos autobiográficos a sus cuentos o novelas. Estos hechos del pasado del autor de la obra aparecen muchas veces camuflados de distintas maneras, de tal forma que solo lo llegamos a saber cuando el escritor confiesa en una entrevista que tal cosa o tal otra, que tal personaje o tal otro, existieron en realidad. Otras tantas veces, el autor siente la necesidad de desnudar aún más su alma, confesando al que lee que sí, que aquello le pasó realmente a él o a alguien de su entorno, que lo escribe para que quede constancia de ello, para intentar que el dolor se mitigue. Esto último es lo que le sucede a Delphine de Vigan tras la muerte de Lucile, su madre.
Lucile era una mujer compleja y extraña, la pieza que no encajaba en una familia risueña y numerosa en la que, sin embargo, las muertes no dejaban de sucederse (sobre todo por suicidio). Ella no era así porque quisiera: todo era producto de su bipolaridad. La enfermedad empezó a manifestarse pronto en ella. ¿Tuvo algo que ver en esto los acontecimientos que sucedieron en su familia?, intenta averiguar la hija escritora conforme avanza en la escritura. ¿Será capaz de perdonar alguna vez el comportamiento de su madre del todo?, nos preguntamos, los lectores, conforme pasamos las páginas.
Muchos escritores que escriben de forma autobiográfica intentan darse la mayor importancia en sus escritos. Esto no sucede con de Vigan, quien aparece como narradora y personaje secundario significativo, pero jamás como protagonista. De hecho, hay muchos datos de su vida que obvia totalmente (lo que dejará intrigado a los lectores, por otra parte). La vida que hay que importa contar es la de Lucile y la de Lucile en relación a los demás, y así lo hace.
Lo que de Vigan nos ofrece, en definitiva en este libro, es una narración circular (comienza y acaba con el suicidio de Lucile y todos los sentimientos que ello desata en su hija mayor) que ha sido catalogada como de novela biográfica, aunque también podría llamarse biografía, a secas. La dificultad a la hora de encontrar un género en el que encuadrar esta obra radica en la forma en la que se nos presenta: a veces en primera persona (con la voz de la autora), a veces en tercera; a veces de forma ordenada, a veces como un conglomerado de pensamientos profundos aunque un tanto más dispersos. El conjunto, no obstante, consigue, creo, lo que de Vigan pretendía: hacernos ver lo complicado que es hablar de alguien ya fallecido, debido a la dificultad de rellenar todas las lagunas con los recuerdos que de esa persona tienen los demás (recuerdos, por otra parte, en ocasiones contradictorios); mostrarnos que hasta las familias numerosas más idílicas (la de su madre lo parecía) esconden secretos oscuros; entender la dura enfermedad de su madre (una enfermedad que la hizo comportarse de forma extrema durante la infancia de la escritora), descubrir que su madre la quería, a pesar de todo, y finalmente, llegar a ser capaz de que tanto el lector como ella misma comprendan que es necesario reconciliarse con el pasado para seguir adelante.
Ahora toca que te decidas tú por “Nada se opone a la noche” y me digas si estás de acuerdo o no con todo lo que yo he dicho de este libro.
Cristina Monteoliva

2 comentarios:

  1. Ufff!!! Nena, parece muy complicada esta novela. Parece interesante, pero no de mi estilo, pero me lo quedo para un posible regalo. <3

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