lunes, 15 de octubre de 2012

LA CHICA DEL VESTIDO DE TOPOS. Beryl Bainbridge


Título: La chica del vestido de topos
Autora: Beryl Bainbridge
Traducción: Joan Eloi Roca
Editorial: Ático de los libros
Págs: 208
Precio: 18,50 €

Beryl Bainbridge nos ofrece con La chica del vestido de topos una historia inquietante y, a la vez, hermosa.
Es el verano de 1968, un verano caluroso en el que no deja de llover. La joven Rose viaja desde su ciudad natal –Londres- hasta Estados Unidos dispuesta a reunirse con un hombre llamado Harold, al que no conoce apenas. Rose no lleva casi dinero encima, tampoco lleva consigo mucho equipaje. No tiene pensado volver a Londres. Lo único que desea es encontrarse con un hombre que parece haber sido su salvador cuando era pequeña. Al parecer, Harold también lo anda buscando, aunque con otro objetivo. Mientras, el país vive bajo la conmoción del asesinato de Luther King y dispuestos unos a que Bobby Kennedy sea el nuevo presidente. De este modo, los dos personajes viajarán a lo largo del país en una maltrecha furgoneta tras la pista del doctor Wheeler, ese hombre al que tanto necesita Rose.
Tras acabar el libro sentí que había conocido a otra Maga. No sé si sabéis quién es, o la recordáis. La Maga es el personaje principal de Rayuela, la novela de Cortázar. Pues bien, Rose se me antoja una maga londinense, que no encuentra muy bien su lugar y necesita de la ayuda de los demás para mantener un pie en la tierra. A pesar de ello, Rose –al igual que la Maga- es una joven muy inteligente, a pesar de que al resto de personajes que aparecen diseminados por la novela les parezca una muchacha estúpida, casi retrasada. De todos modos, Beryl nos acerca en ocasiones a los pensamientos de la joven, los cuales nos permiten observan que el único problema de Rose es vivir en el pasado, mientras que el resto no pueden dejar de mirar el futuro que se les presenta tan incierto.
Por otra parte, Harold tiene muchas cosas en común con Rose, aunque en un principio no lo parezca. Por mucho que él discuta con los demás sobre política, sobre el futuro de la población y sobre la humanidad, continúa también anclado en el pasado. En su vida íntima, en esa que compartía con su mujer. Y, al igual que Rose, necesita encontrarse con el doctor Wheeler para tratar de olvidar de una vez por todas.
El caso es que Beryl ha retratado muy bien el proceso que va sufriendo la relación entre Rose y Harold durante todo el viaje. Curiosidad al principio, recelo después, repugnancia, pena, deseo, necesidad de comprensión, odio, pero también amor. Porque las personas experimentamos durante toda nuestra vida estos sentimientos y, en cierto modo, el viaje de Rose y Harold es una especie de vida. Los personajes son como son, como las personas mismas. Ni mejores ni peores.
Además de los personajes, el tono y la atmósfera que mantiene Beryl durante toda la novela es magnífico. Humor derivado de situaciones incómodas, humor a veces muy absurdo, pero también humor malicioso. Y, sobre todo, está ese final inquietante, magistral. ¿Recuerdan una noticia en la que se decía que habían visto gritar a una joven “lo hemos matado” tras el asesinato del senador Robert F. Kennedy? Una chica que, según describieron, llevaba un vestido a topos y tenía el cabello negro. Una muchacha que se parece asombrosamente a Rose. Beryl une perfectamente realidad con ficción pero deja el final súbitamente cortado, con unas inquietantes palabras de Rose.
En La chica del vestido a topos encontramos toda una serie de preguntas que se plantean los personajes –pero también nosotros- y que no llegan a responderse porque, tal vez, no tengan respuesta. Bien podría haberse titulado Esperando al doctor Wheeler, por la gran semejanza que mantiene en cuanto a actitud con la obra de Beckett.
Esta novela es una maravilla que debería estar ya en sus manos. Beryl Bainbridge ha creado a uno de los personajes con más fuerza del siglo XX.
Elena Montagud

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