lunes, 29 de octubre de 2012

DE LA SIMPLE EXISTENCIA. Wallace Stevens


Título: De la simple existencia (antología poética)
Autor: Wallace Stevens
Traducción: Andrés Sánchez Robayna
Editorial: Círculo de Lectores/Galaxia Gutenberg
Págs: 269
Precio: 19,50 €

Wallace Stevens es una figura crucial en ese otro modernismo literario anglófono, europeo, que no tiene nada que ver con nuestro familiar modernismo hispanoamericano, acaudillado por Rubén Darío, entre otros. Como en T.S. Eliot, paisano suyo (incluso como en el británico Ted Hughes), encontramos cierta tendencia a sacrificar el fondo por la forma. Expliquémoslo mejor: una absoluta falta de complejos a la hora de romper el ritmo o la musicalidad a favor del pensamiento o de la verdadera expresión. Si pensamos que Stevens escribía a principios del siglo XX, cuando en nuestro suelo patrio aún estábamos con sonetos y romances (y aún se redundaba en cierto preciosismo juanramoniano), veremos que se trata de un poeta muy adelantado para su tiempo, con una poesía arriesgada en que el único emperador es el emperador de las ideas. Por otra parte, su alucinatorio lenguaje poético es capaz de crear uno de los más originales mundos poéticos que podemos encontrar en la literatura contemporánea.
Podría decirse que la poesía es de por sí un lenguaje propio con que se hace referencia de manera indirecta a una (por no decir a la) realidad. Esto no parece ser del todo así en Stevens. En su breve pero muy acertado prólogo, Andrés Sánchez Robayna nos habla de una verdadera teogonía entre realidad e imaginación en la poesía de Stevens. “El mundo real visto por un hombre imaginativo puede muy bien parecerse a una construcción imaginativa...“, nos dirá el propio autor. El juego metapoético es también evidentísimo: la poesía sólo sirve para hablar de la poesía; aunque el autor lo expresa aún mejor: “La poesía es el tema del poema. De aquí el poema nace...”. Con esta frase, Stevens revela lo que a Baudelaire debe en cuanto a estética. Sólo en cuanto a estética, aun cuando el Simbolismo sea el alma mater del modernismo anglosajón.
En cuanto a la vida de Stevens, es habitual que haya un abismo entre poesía y poetas. La imaginativa poesía de Stevens, en este caso concreto, parece estar en confrontación con su propio creador, que luchó a brazo partido contra la romantización de la figura del escritor; para ser más preciso contra la hagiografía literaria. “Evíteme, por favor, contar los datos biográficos. Soy abogado y vivo en Hartford. Estos hechos no son divertidos ni reveladores.” Con estas palabras el autor se dirigía al director de la revista The Dial. La vida de este gran poeta norteamericano no tiene, aparentemente, correspondencia con su creación; el hecho de su tardía aparición en el panorama literario parece tener, incluso, cierto significado. En su poesía apenas hay concesiones a lo personal, a lo íntimo; salvo muy raras excepciones, como la siguiente: “La brillantez extrema de este temprano sol / me recuerda lo oscuro que me he vuelto...”
A la mencionada desromantización del poeta se une otro de sus propósitos a muerte: el de alejar a la poesía de la inteligencia. Entiéndase así: la poesía no debe ser sometida a análisis literario o intelectual. “Deshazte de las luces, de las definiciones”, según palabras del propio poeta. Pero dejemos a la postre tanta ética y estética para hablar un poco de esta antología. De ella podemos decir sin empacho que tiene visos de definitiva, por no decir de clásica, y que reúne piezas imprescindibles como “El emperador de los helados”, “Mañanas de domingo” y “Trece maneras de mirar un mirlo”, curiosa serie de versos que rayan casi en una trascendentalización-simbolización de la naturaleza propia del genio del romanticismo inglés, John Keats. El libro termina por recoger algunos versos de los magistrales poemarios “Las auroras de otoño” o “La roca”. Ambos son la arribada final de un viaje a la suavidad, donde forma (imagen de la idea) y fondo (idea en sí) se unen por fin –a nuestro juicio- en una absoluta y envidiable armonía. Cuestión aparte es la “Adagia”, broche final de la antología, colección de meteóricos aforismos que recogen la Poética del autor pero que, a simple vista, puede resultar algo inútil ya que tanto ésta como su Pensamiento ya están fielmente reflejados en su propia poesía. Pero sigue siendo solamente nuestra opinión.
                                                                                              José Leandro Ayllón

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