lunes, 24 de septiembre de 2012

SIBERIA. Juan Soto Ivars


Título: Siberia
Autor: Juan Soto Ivars
Editorial: El Olivo Azul
Págs: 126
Precio: 16 €

Hay lugares que nunca hemos visitado físicamente, pero que al pensar en ellos se nos hacen presentes tanto visual como anímicamente. Siberia, ese desierto lejano, helado y prácticamente inhóspito en la antigua URSS es para mí uno de ellos. También lo es para Jonás, el protagonista de la novela homónima de Juan Soto Ivars de la que hoy os vengo a hablar.
Jonás es un joven escritor al que recientemente le han extirpado un tumor cerebral. A pesar de su notable talento, su primera novela publicada no ha tenido el éxito que él esperaba. A la vez que escribe una segunda obra, una novela cuya trama transcurre en Siberia, el joven se interna en la noche madrileña en busca de algo tan importante para él como el reconocimiento de público y crítica: el amor. La impaciencia, la soledad, la confusión y, sobre todo, ese punto de maldad que todos llevamos dentro (pero que a la mayoría de la gente solo nos hace hacer pequeñas tonterías, por suerte) le llevan a cometer un acto atroz: la violación de una chica llamada Sofía. ¿Será capaz de dar la cara Jonás después de esto? ¿De qué modo cambiará su vida este acto? ¿Podrá seguir siendo escritor tras ello?
Siberia es un lugar inhóspito, la peor prisión para un condenado. El frío y la desolación se hacen insoportables, hasta el punto de traspasar la piel de las personas y llegar a su alma de forma irreversible. Esta es una de las impresiones que me queda después de leer Siberia, esta novela breve pero tremendamente intensa que nos habla de un escritor que vive en varias Siberias a la vez. La primera de ellas es la ciudad de Madrid por la que Jonás, este novelista venido a menos, se mueve, la de las editoriales, los escritores y los seguidores de estos últimos. Todo aquí es superficialidad, condescendencia, falso paternalismo, indiferencia… No es de extrañar que encontrar el amor en estas condiciones sea tan difícil (lo que, sin duda, no justifica lo que sucederá después en la novela, por supuesto).
La segunda Siberia es la del fracaso literario de Jonás. Nos encontramos aquí con un escritor con talento que, por circunstancias de la vida, no ha tenido éxito con su primera obra. ¿Era una novela demasiado inmadura para triunfar? ¿No han sabido ni los críticos ni los lectores entenderla? ¿Mala promoción por parte de la editorial? Todo eso no importa, solo el convencerse de que es un buen escritor (a través de un narrador en tercera persona que parece su Pepito Grillo particular) y el conseguir una segunda obra genial le vale a este joven torturado por la falta de éxito.
La tercera Siberia es la culpa por haber cometido un acto horrible. Nos encontramos aquí con un hombre que sabe lo que ha hecho, pero que con el tiempo intentará convencerse de que todo puede ser perdonado casi como por arte de magia. No voy a adelantar lo que sucede después. Lo único que diré es que he quedado muy satisfecha con el giro que los acontecimientos dan al final del libro.
Siberia, en resumen, es una novela que, por una parte, nos hace adentrarnos en el mundo de la Literatura en general y el submundo literario español en particular, para hacernos reflexionar sobre temas tan interesantes como la importancia de ofrecer a los lectores textos de calidad, qué es lo que parece que interesa que se publique y que es lo que no, o el placer que supone para un escritor escribir una obra y la tortura que experimenta cuando no plasma en el papel lo que desearía. Por otra parte, esta obra nos hace pensar en lo difícil que es para cualquier ser humano asumir la culpa por los actos cometidos, aun cuando se tiene clara consciencia de que la falta cometida no es grave, sino gravísima. ¿Nos hace el instinto de supervivencia huir hacia adelante? ¿Estamos enfermos de egoísmo y falta de consideración al prójimo quizá? Dímelo tú tras la lectura de esta novela. O dime otros cientos de cosas, porque Siberia, a pesar de ser una novela corta, es una de esas obras que dan para escribir cientos de reseñas diferentes. Y justo aquí, amigos, esperando que os haya convencido para que os hagáis con este libro, acaba la mía.
Cristina Monteoliva

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