lunes, 27 de agosto de 2012

WESTWOOD. Stella Gibbons


Título: Westwood
Autora: Stella Gibbons
Traducción: Laura Naranjo y Carmen Torres García
Editorial: Impedimenta
Págs: 460
Precio: 27,95  €

Stella Gibbons (1902-1989) nació en Londres en el seno de una familia de clase media. Su padre era médico en los suburbios de Londres, muy aficionado al láudano y a la bebida, y con una fuerte tendencia a odiar y menospreciar a las mujeres. Esta situación familiar marcó bastante a la autora en su carrera literaria que incluso llegó a utilizar esta experiencia como material para sus novelas. Fue periodista, escribió numerosas novelas, relatos, poesía, pero es reconocida especialmente por la novela  La hija se Robert Poste (1932) y su secuela Flora Poste y los artistas (1949). Publicó Westwood en 1946.
Westwood nos narra la historia de Margaret Streggles: una mujer romántica, soñadora, con inquietudes culturales y poco agraciada. Es el personaje tipo de la novela victoriana. Su propia madre hace alusión a su aspecto: “… pareces una auténtica institutriz victoriana, sólo te faltan las gafas de concha…” (pág. 33).  Vive casi siempre en las nubes y busca casa en Londres, ciudad devastada por los bombardeos de los alemanes en la II Guerra Mundial.
Margaret vive con su familia. La madre ahoga sus frustraciones  obsesionada por el orden y la limpieza. No soporta el aspecto desarrapado de su hija ni los escarceos amorosos de  su marido, periodista de profesión que huye de casa siempre que puede  para lanzarse a los brazos de otras mujeres. Mientras, su hermano, lucha en el frente contra los alemanes.
Margaret tiene una buena amiga, Hilda, que es completamente distinta a ella: exuberante, divertida, alocada, siempre flirteando con hombres y nunca dejándose arrastrar por ellos.
En uno de los paseos que realiza por Londres, Margaret encuentra una cartilla de racionamiento y, cuando la entrega a su propietario, descubre que pertenece a un pintor, Alex Niland, casado con  Hebe, hija de una familia adinerada londinense. El hecho de conocer a esta familia provoca que su mundo cambie por completo. A partir de ese momento les profesa auténtica adoración, sobre todo a  Gerard Challis, padre de Hebe, dramaturgo de éxito, aburrido y mujeriego, por el que siente auténtica veneración. Hará lo posible por estar el máximo tiempo posible en Westwood, mansión en la que vive esta familia y que está situada muy cerca de su vivienda.
En Westwood, Stella Gibbons nos ofrece una visión muy negativa de la alta sociedad de la época: A Gerard Challis sólo le interesan las aventuras con jovencitas. Su esposa es absolutamente superficial y hace ojos ciegos a todo. Su hija antepone su propia diversión a la maternidad dejando siempre a sus tres hijos a cargo de alguien y su yerno, el pintor, da más importancia a su carrera artística que a su propia familia a la que abandona largas temporadas. En diversas ocasiones utilizan a Margaret como niñera. Cada vez pasa más tiempo en Westwood, en detrimento de los suyos y del trabajo.  Pero es considerada nada más que una simple criada.
Margaret tiene un alto concepto de sí misma y, de hecho, le molesta que la relacionen con las criadas, tanto con la señora Grantey como con Zita, una refugiada judía alemana a la cual utiliza para poder llegar hasta Westwood.
La autora es una gran admiradora de Jane Austen y la protagonista de Westwood es una mujer  victoriana, pero dudo que Jane Austen hubiera descrito a una de sus protagonistas como Gibbons describe a Margaret. Ninguna de las mujeres de Austen es tan servil como lo es Margaret Streggles, ni tan siquiera Marianne Dashwood ante su enamorado Willoughby en Sentido y Sensibilidad .
Westwood es una novela deliciosa. Podemos disfrutar de todos y cada uno de los personajes, aunque éstos sean los menos importantes. Nos quedamos con ganas de conocer más matices.
Una lectura muy recomendable para sobrellevar los rigores del calor y el retorno de las vacaciones, para los que las han terminado y para los que las comiencen ahora.
Pilar Ibáñez

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