jueves, 23 de agosto de 2012

MALDITO SEA DOSTOIEVSKI. Atiq Rahimi


Título: Maldito sea Dostoievski
Autor: Atiq Rahimi
Traductora: Elena Garcia-Aranda
Editorial: Siruela
Págs: 212
Precio: 16,95 €

Nadie sabe lo que es la culpa hasta que no la sufre, hasta que no le hace llorar delante de un gran helado de chocolate, entrando en el portal de su casa, abrazado a un amigo. Nadie sabe lo que es la culpa hasta que no la siente acceder a lo más profundo del ser sigilosamente, poco a poco, hasta crear metástasis. Porque la culpa nunca desaparece, pero sí se aprende a vivir con ella.
La última novela publicada en España de Atiq Rahimi, tras la lúcida y sobrecogedora La pieda de la paciencia, lectura que recomiendo, es un grandísimo homenaje a Dostoievski, a sus libros extenuantes y abrumadores, a ese doctorado en la psicología humana que suponen todas sus obras.
Es por eso que el papel protagonista de Maldito sea Dostoievski se asemeja al  estudiante al que no le llega el dinero para vivir y se plantea matar a una usurera sin escrúpulos de la que sabe que guarda mucha cantidad en su casa. En el caso de Maldito sea Dostoievski el joven mata a una vieja proxeneta que ha convertido a su novia en prostituta.
La historia de este joven herido de culpa se entremezcla con el actual Afganistán, la guerra civil que parece no terminar nunca y la corrupción instaurada en cada uno de los países del mundo, dando igual su ubicación en Oriente u Occidente.
La moral filosófica con la que vive el protagonista de Maldito sea Dostoievski choca con la Sharia, ley islámica en la que es más grave no creer en Dios que matar a un hombre.
No es solamente el dilema moral que pone Rahimi sobre la mesa, sino el cómo lo hace, la sutileza con la que la palabra culpa aparece poco a poco en escena, el lirismo con el que nos traslada a una atmosfera asfixiante con tintes de El extranjero de Albert Camus, y algunas Novelas Ejemplares de Cervantes.
Porque la culpa y la aceptación de ésta no hace que el mundo se transforme, como la literatura no hace que el sol salga por otro lado. Pero lo que sí se consigue es mirar con otros ojos el amanecer, comprender que de nada sirve la culpa sino para conocer un poco más hasta dónde somos capaces de llegar, y sobre todo, que la culpa se escribe igual para todos, pero no todos se reconocen igual en ella.
En juicio, uno no es culpable hasta que se demuestre lo contrario, a veces es posible que uno sea culpable por el mero hecho de no querer cambiar las cosas.
Elvira Ramos Rivera

No hay comentarios:

Publicar un comentario