lunes, 27 de agosto de 2012

EL ZOO TRÁGICO. Lidia Zinovieva-Annibal


Título: El zoo trágico
Autora: Lidia Zinovieva-Annibal
Traducción: Vladímir Aly
Editorial: Nevsky Prospects
Págs: 271
Precio: 19 €

Algunos libros tienen ese poder para embaucar a pesar del dolor que te transmiten. Y este Zoo Trágico, utiliza la belleza y el abrumador lenguaje para que vayas perdiendo la consciencia y te vayas transportando a ese estado de conciencia del que hablaban los derviches, muy próximos en lugar y tiempo a la autora, en el cual, tu cuerpo sigue el ritmo físico predispuesto por la música, en este caso, tú sigues leyendo como manda la prosa, poética en muchas ocasiones, de la absolutamente fascinante Lidia Zinovieva.
El ganar y perder en la vida adquiere otra dimensión en esta novela, la pequeña protagonista deberá  mirar de frente atravesando zonas oscuras de la vida, incapaz de comprender cómo la amargura y la soledad pasean de la mano de aquellas personas a las que más quiere, como los animales que va perdiendo y que, de alguna manera, han sido los que le han transmitido todo lo que sabe.
La luz con la que las emociones más horribles son tratadas, no es más que retazos de la sombra con la que al final del libro se quedará el lector.
Como en una ocasión citó Madame de Stäel, el dolor te enseña todo lo que sabe, y así nos enseña este libro, todo el dolor del mundo en los ojos de una pequeña buscadora que va abandonando su infancia como quien deja de ponerse unos zapatos y se da cuenta de ello muchos meses más tarde.
La infancia se va, y además, ya no vuelve, como no vuelven a nosotros las capacidades reparadoras que teníamos en los ojos cuando llorábamos de manera agonizante por una nimiedad, y a los dos segundos el sol de nuevo había salido y toda la luz del mundo volvía a nuestros ojos.
La lírica destructora de la infancia, un dolor que no puede abarcarse con los brazos, la naturaleza salvaje del mundo animal y la selección natural a la que todos estamos sometidos, se entrecruzan con la soledad infantil, (soledad que se lleva toda la vida, cada uno como mejor puede), ese sentimiento que todos los niños tienen ante la incomprensión  de los mayores, será el hilo conductor de la novela.
 Y la que llevará a Vera a pasar de la espiritualidad más serena a la necesidad y el poder de dañar, solo por el hecho de poder hacerlo, para devolver parte de la medicina probada, para que si ella sufre, que por lo menos, otros sepan lo que es.
Y todo ello con frases cortas, no necesita más: He cogido una piedra. La presiono sobre la horrible cabeza con sus zarpas y sus ojos. La presiono. Cruje.
Porque esta es una narración infantil en la forma pero no en el contenido, Una forma original de hacernos recuperar el lenguaje de aquella época, tan cruel y sincero, tan limpio, pues es real, no tiene connotaciones política y socialmente correctas, no está sometida al qué dirán, y por eso duele tanto.
La autora es poco conocida, pero si el boca a boca de este libro lo consigue, será de las más leídas, sobre todo porque tiene una voz libre de mácula, juiciosa con el machismo imperante, por los siglos de los siglos, en nuestra sociedad y sobre todo porque no basta con tener talento para escribir una novela como esta, es imprescindible una sensibilidad extrema, para lo bueno y para lo malo, saber de lo que se habla.  
Todos hemos arrancado alguna vez las patas a un murgaño, metido una mosca en un vaso cerrado para ver cómo su desesperación aumentaba, y aplastado una cucaracha con el pié para oír crujir su caparazón. Lo que nos recuerda esta novela, es que todos estos actos, se van transformando cuando nos hacemos adultos, y ahora tenemos otras maneras de aplastar con una piedra, observar el sufrimiento, incomprender la crueldad.
Les ruego que no me exijan que las ponga nombre. He tenido suficiente con recordar el zoo que nos rodea cada día. Si no tienen una librería a mano, bastará con que pongan la televisión.  Pero luego, compren el libro.
Elvira Ramos Rivera

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