jueves, 19 de julio de 2012

Conversando en diferido con EDUARD MIRA


Eduard, para comenzar, háblenos un poco sobre usted. ¿A qué se dedica, qué hace en su tiempo libre? 
Hace poco menos de dos años me jubilé de la Universidad de Alicante, donde había ejercido como profesor desde hacía mucho tiempo, aunque el último curso estuve en la Universidad de Cambridge y haya vivido en muchos sitios mientras tanto. He residido alrededor de quince años fuera de España, en un periplo que comenzó siendo yo aun muy joven y que abarca, en el ámbito académico,  desde los Estados Unidos hasta Inglaterra, Francia, Bélgica, Marruecos o Italia. He ejercido como consultor sobre patrimonio arquitectónico para el Consejo de Europa, como miembro de equipos de planificación urbana en Ibiza o en Formentera, como sociólogo, como organizador de actos culturales, como comisario de exposiciones histórico-artísticas referidas, principalmente, al siglo XV… En la actualidad, vivo en Jávea, a unos treinta metros del mar de mi niñez y, simplemente, leo y escribo, aparte de desplazarme a Valencia varios días al mes como miembro de la Academia Valenciana de la Lengua, de dar alguna charla y de presentar alguna ponencia en algún congreso…, más de las que querría. Distingo poco entre tiempo de ocio y tiempo de trabajo y entre viaje de placer y viaje laboral, ya que, por fortuna, mi trabajo es, a la vez, un ocio placentero.

¿Cuándo comenzó su pasión por la lectura? ¿Y por la escritura? ¿Cuántos años lleva escribiendo?
¿Por la lectura? Allá por el Paleolítico Medio. ¿Por la escritura? Muy poco después. Sin embargo, si bien publiqué una novela y un libro de cuentos y alguna otra cosa a mediados de los ochenta, me he dedicado, sobre todo, al ensayo, tanto sociológico como histórico, hasta que, ya en los noventa, me puse en serio a escribir novelas.

¿Cuáles han sido sus maestros literarios?
Uhhhhhhh! Desde la Biblia hasta la física moderna. Cuando uno escribe de manera regular, acaba leyendo, sobre todo, profesionalmente. El escribir novelas históricas te convierte en un pozo de ciencia deliciosamente inútil. Acabas sabiendo desde heráldica hasta pócimas o hasta como hacer que navegue un velero medieval. En cuanto a la literatura, mi propia obra me ha ido llevando por derroteros diversos. Sigo admirando la maestría de Valle Inclán, de Alejo Carpentier, de Robert Graves, de Italo Calvino y, sobre todo, de Umberto Eco, aunque también me han interesado últimamente novelas de misterio y política-ficción como las producidas por Baldacci o Hennig Mankell. Para El misterioso caso… (cuya primera versión, en catalán-valenciano, fue publicada en 2006 con el título Tribulacions d’un espia vell) leí  –o, más bien releí- mucha literatura inglesa; desde Chaucer hasta Daniel Defoe, Swift, Thackeray o Dickens. En cambio, para una novela anterior,  Escacs de mort , me centré en gran literatura producida en la Valencia del siglo XV, la ciudad más dinámica de la España de su tiempo, un tiempo que es, a mi entender, el gran momento de la ciudad europea, el gran momento de Europa. Me interesó y me interesa mucho también la obra de Carme Riera y de Alfred Bosch.


Además de literatura de ficción, ¿qué más escribe?
En este momento, estoy redactando la ponencia que presenté en un congreso de toponimia y, en concreto, sobre los exónimos, la manera como llamamos a los nombres de lugar extranjeros. Estoy preparando también otra ponencia sobre el Compromiso de Caspe (1412) y he acabado hace poco la redacción de otra ponencia que presenté en otro congreso; esta vez sobre el papel de las mujeres como transmisoras de poder y legitimidad en la Corona de Aragón, y tengo en cartera un par de libros de viajes. Como puede ver, muy variadito. En el campo de la literatura estrictamente de ficción, tengo ya muy avanzada una novela cuya acción sucede en 1719.

El misterioso caso de la peste negra no es su primera novela publicada. ¿Puede hablarnos un poco sobre las otras?
A comienzos de los ochenta, publiqué Salta Lenin el Atlas en editorial Prometeo, que ya no existe. Era una novela de cierto misterio y, en realidad, erótica, y quedó finalista en el premio de La Sonrisa Vertical que otorgaba la Editorial Tusquets. Por las mismas fechas, saqué un libro de cuentos, Primer libro de las Crónicas Perdidas, en una editorial que tampoco existe ya. Le fui añadiendo algún relato más y volvió salir en Bruselas el año 2003. La combinación entre literatura histórica y fantástica estaba ya muy presente ahí. Posteriormente, en esta segunda  etapa literaria en la cual me encuentro, he publicado las dos versiones de la obra a que se refiere su entrevista y Escacs de mort (El ajedrez de la muerte), que ganó el Premio Alfonso el Magnánimo. Es ésta una novela, también entre histórica y fantástica, que sucede, principalmente, en el Nápoles de mediados del siglo XV y que estoy en trámites –que espero lleguen a buen puerto- para que se traduzca al italiano y se publique en Italia.

El misterioso caso de la peste negra está ambientada en el siglo XIV y cuenta con unos personajes muy especiales. ¿Cuál fue el motivo que le movió a comenzar esta saga? ¿Por qué escogió esos escenarios, época y personajes?
Tal vez el hecho de que yo mismo haya tenido, desde muy joven, una formación anglosajona, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos, y que, además, haya sido invitado por las universidades de Cambridge y de Londres. Aparte de ello, me gustaba la época y el personaje, Geoffrey Chaucer,  que es un poco el padre de la literatura inglesa y que, además, parece ser que ejerció como espía…, de poco fuste, cabe decir; mucho menos que como escritor capaz de producir uno de los monumentos literarios de la literatura universal: Los Cuentos de Canterbury. La razón última de escribir este libro que quiere ser el primer volumen de una saga es que soy un curioso impertinente y me gusta la ambigüedad, ese estar a caballo entre varios mundos y tener lados oscuros que corresponde a los espías de cualquier época. Mi Chaucer, el espía es, asimismo, un antihéroe, lo cual también me gusta en los tiempos que corren.


Podemos decir que es una novela de ficción, pero narrada de un modo totalmente verosímil y con una perfecta recreación. ¿Por qué decidió que tuviese toques fantásticos, en lugar de ser una novela histórica al uso?
Para hacer novela histórica pura y simple, no haría falta que escribiese novelas sino, más bien, ensayos o lo que se ha dado en llamar “historia narrativa”, que también lo hago. Lo fantástico es una opción y un gozo personal, si bien la fantasía es una realidad muy real y muy viva en la Edad Media, la época en que la obra se enmarca.

¿Podría hablarnos un poco sobre el proceso de recopilación de materiales y, posteriormente, de creación?
Empecé a escribir la novela en Nápoles, mientras trabajaba como director del Instituto Cervantes en esa ciudad recogía datos para Escacs de Mort. Con frecuencia, comienzo una obra y, al cabo de un tiempo, la aparto, la pongo en una especie de sala de espera a fin de que madure por sí misma y de que yo mismo adquiera una cierta distancia con respecto a ella. La retomé cuando vivía en Bruselas años después, cuando ya estaba enfrascado en Escacs de Mort. La recopilación de materiales es un  proceso largo y, a menudo, simultáneo a la escritura. Sí, largo y complejo, pero también muy gratificante y divertido.

Se nota que usted domina la prosa castellana antigua. ¿No tiene miedo de que este sea un factor que eche para atrás a algunos lectores?
La novela no está escrita en castellano antiguo sino sencillamente en castellano, con algún levísimo toque arcaizante muy de vez en cuando y de forma que no interfiera ni en la compresión ni en el ritmo del texto. Evita, eso sí, la empobrecida lengua de la tele o de la calle, que a menudo ha reducido el lenguaje a muy pocas y muy pobres palabras. A mí, en cambio, me encantan las palabras y la manera como éstas se combinan en la prosa. Siempre intentaré que las novelas que escriba y que estén centradas en otras épocas tengan ese aire de verosimilitud que no tendrían si estuviese escritas en un lenguaje banal. Lo mismo hago cuando escribo en catalán-valenciano, en inglés o en otras lenguas.


¿Qué cree que puede ofrecer a los lectores con esta novela?
Espero que distracción; que los lectores se metan en ella y asuman el papel del narrador y de los personajes, que se conviertan ellos mismos en espías, que participen de su pesimismo y de sus toques de humor, que se interesen por temas tan aparentemente abstrusos como los códigos cifrados, la astronomía y la astrología judiciaria, la geografía histórica y la geopolítica internacional, la mentalidad y la forma de vida de otros tiempos, el asalto las juderías españolas a fines del siglo XIV  o los orígenes de la peste. Aún así, la novela no es simplemente la resolución de un caso al modo en que lo hacen las novelas policíacas. Trata, principalmente, de las tribulaciones, angustias y miedos, de los gozos y las sombras  del personaje; un cortesano de escaso relieve y prisionero de su condición y de lo que hoy llamaríamos el sistema.

¿Cómo ve usted el panorama literario actual en España?
Variado. Ha habido un cambio cuantitativo en la producción literaria cualitativo y de soportes más allá de la letra impresa y, asimismo, de gustos, lo cual no siempre beneficia a la calidad de las obras. Es una época que hay que observar con tiento para ver que pasa…, como sucede con esa política ramplona y esa economía desbarajustada y que nos están dejando a dos velas.

¿Piensa que es difícil conseguir una publicación siendo un escritor novel?
Sí.

¿Les daría algún consejo a aquellos que quieren dedicarse a la escritura?
Que le dediquen muchas, muchas horas; que se hagan con unos conocimientos amplios y variados y con un buen estilo…, y que no tengan prisa, a la vez que tampoco se detienen del todo en el camino.

Para finalizar, Eduard, ¿podría definir su novela en una frase?
Creo que ya lo ha hecho usted en sus preguntas y quizás yo en mis respuestas. Es una novela histórica con toques fantásticos, y también un thriller con un fondo de reflexión sin dejar, por ello, de ser amena.

Elena Montagud

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