miércoles, 6 de junio de 2012

VIDA PRIVADA DE LOS IMPRESIONISTAS. Sue Roe


Título: Vida privada de los impresionistas
Autora: Sue Roe
Traducción: Bernardo Moreno Carrillo
Editorial: Turner
Págs: 396
Precio: 24 €

“Vida privada de los impresionistas” es mucho más que una biografía colectiva de un grupo de pintores que, contra viento y marea, hicieron escuela y cambiaron el panorama artístico de Europa; este magnífico estudio de Sue Roe se adentra en la intimidad de cada uno de los artistas que tuvieron algo que ver con el Impresionismo, ubicando estas noticias biográficas paralelamente a la situación del momento, de forma que la presente obra es también un recorrido histórico donde destacan las convulsiones que cambiaron (o intentaron cambiar) el Paris del siglo XIX. Analiza los motivos de que hicieron uso los artistas en sus obras pictóricas, las circunstancias que las inspiraron, haciendo historia de los cuadros que considera más significantes. Describe asimismo los ambientes y recorridos urbanos por donde se movieron, haciendo hincapié en aquellos que quedaron reflejados de alguna manera en sus obras, las primeras en reflejar la vida de la calle y de los cafés. Por poner un caso, en cierto momento de su recorrido pictórico Renoir se inspiró en el bullicioso y alegre Moulin de la Galette; en ese baile se reunían las madres solteras de clase media, llevando a sus hijos y acompañadas de sus respectivas madres. Un tipo de público excepcional y escandalizador para la época. Pero volviendo al tema central, debemos tener en cuenta que el concepto de “grupo” en arte y literatura es siempre un tanto gratuito; partimos siempre de la base de que tanto impresionistas como expresionistas o simbolistas, etc. surgieron de la nada y se establecieron como grupo nada más nacer. La realidad histórica es bien distinta, como bien nos muestra la autora: los impresionistas nunca se refirieron a ellos mismos con este nombre (y si lo hicieron fue muy tardíamente); se trataba más bien de artistas aislados que decidieron -frente a un arte burgués y naturalista, comercial en la época, que les rechazaba e imposibilitaba su irrupción en el mundo social de la pintura- unirse con un sencillo objetivo: el de poder exponer. Estas exposiciones colectivas (donde está la verdadera génesis del grupo) causaron una impression, casi siempre negativa, al público parisino; a ellas se fueron añadiendo otros artistas que serían, con el tiempo, el motor de otras vanguardias. Pero debemos imaginar lo que supuso en el momento ser unos pioneros incomprendidos; sus compradores solían ser amigos o raros coleccionistas (los pocos que tenían una mentalidad abierta al nuevo arte). Manet, en los últimos años de su vida, no podía olvidar de qué forma se habían burlado de sus cuadros.
Hablábamos de nuevos nombres. Uno de ellos es el de Berthe Morisot, amiga y modelo de Manet, entre ambos había una atracción velada y sin nombre. La pintora rechazaba instintivamente adoptar las mismas técnicas pictóricas que su amigo; en otras palabras: no quería dejarse arrastrar por el magnetismo de su arte y de su personalidad. Si bien aprendió mucho de él, es innegable que ella tenía su propio estilo. Berthe acabó casándose con el hermano de su supuesto mentor. No resulta irrelevante sacar a colación a la Morisot porque se ha hablado de ella en nuestro país recientemente, con motivo de una exposición, y se ha hecho desde el punto de vista del martirologio feminista, como un influyente personaje y una singular artista, pero que desgraciadamente estuvo en la sombra, más allá del reconocimiento que sí recibieron sus amigos impresionistas. Este interesante libro es una herramienta valiosísima (amén de una lectura imprescindible) que nos servirá, entre otras muchas cosas, para demostrar justamente lo contrario: Berthe Morisot participó en las muestras de los impresionistas como uno más o, expresándolo de otra forma, como lo hizo el mismo Manet. Aunque no apareciera en la primera de las exposiciones, ello no es óbice para reconocer que fue una gran artista reconocida en el círculo donde se movió y por la historia. Este libro le da la importancia que tuvo, ni más ni menos, sin caer en la hagiografía. Hay que tener en cuenta que “en la sombra” estuvieron todos hasta que el marchante de arte Paul Durand Ruel consiguió colocar sus cuadros en la American Art Association de Nueva York, en 1886. Paul llevaba con él trescientos cuadros. Varios de ellos eran de Berthe.
Hablemos un poco de la autora, Sue Roe. Lo primero es admitir que no es muy conocida en España. Profesora universitaria, es reconocida por sus ensayos sobre literatura y arte, siendo la biografía, al parecer, el género que cultiva con mejor acierto. Antes de la que reseñamos hoy, hubo otras que no se han traducido al español, pero la crítica universal se pone de acuerdo en aclamar “Vida privada de los impresionistas” como su más lograda obra. Es destacable, desde luego, en ésta (además de las espléndidas láminas en color) el gran trabajo de recopilación y de documentación que ha llevado a cabo la autora. Esta documentación le sirve para adentrarse –como se dijo antes- en lo íntimo, en las vidas y sentimientos de los pintores. Para ello se ha basado sobre todo en correspondencias personales, no sólo de los artistas sino de cualquier persona que compartiera espacio y tiempo con ellos. Nos encontraremos, por ejemplo, a Baudelaire, tan destacado crítico de arte como poeta y uno de los pocos que creyó en el Impresionismo, intentando animar a su amigo y admirado Manet. Estos documentos epistolares, y otros materiales de índole privado, auxilian a la autora en la engorrosa tarea de rastrear el día a día del pintor, sus miedos, su soledad, sus carencias, sus temores. También son un recurso que Sue Roe utiliza con mano diestra a la hora de abordar los recorridos personales tras la paulatina desaparición del Impresionismo como generación artística: las sucesivas exposiciones fueron perdiendo poder como agente aglutinante, surgieron algunas disensiones y finalmente nació la historia dentro de la Historia: cada artista se perdió en su propio mundo, en ese aislamiento que es tan oscuro y agotador como necesario y productivo para un creador. En ese mundo interior, la autora se sumerge con un oficio que muchos podrían envidiar.
José Leandro Ayllón

No hay comentarios:

Publicar un comentario