martes, 5 de junio de 2012

STONER. John Williams


Título: Stoner
Autor: John Williams
Traducción: Antonio Díez Fernández
Editorial: Ediciones Baile del Sol
Págs: 244
Precio: 19 €

He aquí al escritor John Williams (1922-1994) que con pocas obras llegadas desde su singular santuario, continúa conquistando, merecidamente, laureles y parabienes. Hágase la luz una vez más.
Un detonante: sentir el hálito maligno de la Primera Guerra Mundial y lo que arrastra con ella. Otro detonante: perder a un amigo y compañero de la universidad por causa de esa guerra. Un tercer detonante: sentir que peligra la relación con su mujer y que esta, con artimañas propias de una relación aparentemente gastada, socava la relación de afecto y confianza que mantiene William Stoner con su hija. Y así, poco a poco, hasta que sentimos muy dentro la explosión final, una explosión abierta, de múltiples voces dentro de uno, de dudas que nos quedan sobrevolando como las que martirizan a Stoner en ese medio tan sospechoso, tan fugaz, como es el mundo de la universidad y la férrea rapacidad que en su interior se mueve disfrazada de armonía y de buen tono. Eso, queramos o no, nos afecta ¿Por qué nos afecta? Pues porque Stoner, amante confeso de los libros, fiel al verdadero magisterio de la palabra, del saber conducir para llegar hasta el manantial y beber en la pureza y luego transmitirla, espigar la mejor semilla, el sentido de todo y de nada (de cuando en cuando orbita sobre sus recuerdos primeros la imagen de su amigo David Masters y lo que este pensaba de todo y de nada), se empeña en seguir aun cuando percibe enemigos muy sutiles como el jefe de departamento Lomax, las fatigosas garras de la burocracia, las estrategias del mundo docente (siempre al acecho) el qué y por qué defiende lo que defiende si al final... Al final no se sabe (y el fantasma de su amigo David Masters fustigándolo) pues lo recuerda cuando alguien se alista para la guerra y ya duda si regresará, la guerra, de nuevo la guerra, la Segunda Guerra Mundial. El vacío y la fragilidad que va minando, peldaño a peldaño, su razón y sus sentimientos hasta que ya no le es posible desentenderse del desastroso viaje que le aguarda. Pero antes de irse del todo sus alumnos donan a la Universidad de Missouri, en el departamento de inglés, un libro en honor de su querido colega Stoner. Como si pretendieran que el recuerdo de su querido profesor Stoner fuera un símbolo que lo continuara y eso mismo impidiera que se esfumara para siempre. ¿Y ha tardado tanto Stoner en llegar hasta nosotros? ¿Tanta ceguera durante tanto tiempo?
Stoner es una novela muy cabalmente elogiada por críticos y escritores de solvente y puntual buen hacer. No sentí que decayera en ningún momento ni su ritmo ni la poesía vital, y de cierto corte filosófico que protegía con habilidad ese ritmo. Y hasta podemos llegar a imaginar más de Stoner por lo que cuenta silenciando el narrador omnisciente, que por las mismas trampas en las que Stoner se ve prisionero desde que se alejó de su modesto hogar para labrarse una carrera en la universidad. Armoniosa, bien hilvanada en sus capítulos, dura sin menoscabar la piedad, sincera sin hacer que se nos resienta su amargura. Parafraseando al título de un conocido escritor barcelonés, Stoner no se acaba nunca. Entren en ella y vivirán en paz sin olvidar la guerra.
Ubaldo R. Olivero

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