martes, 5 de junio de 2012

MIRANDO A LAS ESTRELLAS. A.F.Black


Título: Mirando a las estrellas
Autor: A.F. Black
Traductor: David Prieto
Editorial: Grupo AJEC
Págs: 400
Precio: 19,90 €

-¿Pillarte? Las historias del caminante no son para pillar a nadie –dijo, fingiendo ponerse serie, mientras sus ojos se volvían otra vez hacia la playa y el océano que se extendía al otro lado. Las aguas grises se agitaban con los golpes del viento-. Vwayajé enseña. Sus historias son metáforas que intentan explicar el mundo. Eso es lo que se dice en mi tierra. (Mirando a las Estrellas de A.F. Black).
¿Cómo puede sorprendernos Mirando a las estrellas? Cuando el realismo mágico[1] lleva más de ochenta años entre nosotros. A. F. Black domina los resortes y como un mago juega con nosotros en esta obra que comienza en la inexistente comunidad de Winter Palms, Orlando “… un lugar sin ricos o clase media”, el guetto de los que buscan el American Way of Life y encuentran una nueva forma de esclavitud: Los Ilegales.
Charles “Charlie” Manley inmigrante jamaicano, un Vwayajé –del creole- viajero, un hombre bueno que sabe mantener una promesa: un griot[2] que nos cuenta una historia dentro de una historia. Charlie se verá involucrado en la muerte de Deschamps, un houngan –sacerdote vudú- un crimen que no cometió.
Mirando a las Estrellas responde a los cánones de la literatura policiaca clásica con un toque caribeño y lo más oscuro de la religión vudú. Esto lo convierte en una lectura novedosa donde el misterio no está en sólo descubrir a un culpable, si no es saber quien se esconde detrás de A. F. Black, del que ni siquiera tendrá una foto en la solapa del libro.
El autor inconscientemente –aunque lo dudo mucho- bebe del El Reino de este Mundo (Alejo Carpentier, 1949) y nos ofrece una obra fabulosa, una apuesta del Grupo AJEC al fantástico más sombrío y diferente.
Ricardo Acevedo Esplugas

[1] Género metalingüístico y literario de mediados del siglo XX. El término fue inicialmente usado por un crítico de arte, el alemán Franz Roh, para describir una pintura que demostraba una realidad alterada. El término, que llegó a nuestra lengua con la traducción en 1925 del libro Realismo mágico (Revista de Occidente, 1925), fue en gran medida influenciado por las obras surrealistas de la escritora chilena María Luisa Bombal, pero más tarde en 1947, fue introducido a la literatura hispanoamericana por Arturo Úslar Pietri en su ensayo El cuento venezolano.
[2] Cuentacuentos, poeta o músico vagabundo del África Occidental.

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