martes, 5 de junio de 2012

MICROMETAS. ZADIG. Voltaire


Título: Micromegas. Zadig
Autor: Voltaire
Traducción: Inés Bértolo
Editorial: Navona Editorial
Págs: 144
Precio: 9,50 €

Resulta curioso, en los tiempos que corren, que una editorial se preocupe por recuperar ciertos clásicos olvidados, poco leídos o directamente desconocidos. Sobre todo en estos malos tiempos para la lírica, donde quedan pocos que defendamos a capa y espada las humanidades por encima de todo.
Hace años, muchos, a los 16 años, cuando todo se ve de más colores que ahora, leí un artículo de Muñoz Molina titulado Ilustración: mi palabra favorita. Entre otras cosas se podían leer: Me gusta la Ilustración porque es el tiempo en que por primera vez se definen los principios que han hecho algo más habitable el mundo, la época de la irreverencia intelectual frente a los poderes fósiles de la Iglesia, la monarquía y el feudalismo, cuando se empieza a afirmar que nada de lo establecido lo es por naturaleza, que las circunstancias y la ideas son construídas por la acción humana y pueden ser modificadas por ella.
Y por si quedaba alguna duda del colorido del artículo, muy a colación con el libro que acabo de leer, Micromegas.Zadig, de Voltaire, sentenciaba  que Ilustración significa también una cierta actitud ante la vida y las cosas: la voluntad de no ser, sino de hacerse; la conciencia de que todo, hasta lo que parece más simple y trivial, es el resultado del aprendizaje y del empeño; de que el saber es la mejor defensa de la libertad, y de que no hay ni debe haber fronteras entre los seres humanos.
Micromegas nos recuerda eso y denuncia una mentira nada piadosa que es la única palabra que parece ser defendida hoy. Lo hace con mucho humor, claro, los hachazos, como diría mi abuela, si se dan con una sonrisa en los labios, como que duelen menos.
Este libro es un canto a la razón por encima de la fe, esa que dicen que mueve montañas, y que en ocasiones sí que las mueve, pero para que arrastren a los que estamos debajo. Será la razón la única que pueda salvar al hombre de sí mismo, de su ignorancia y de su alarde de ella.
Con un toque pícaro, y en determinadas páginas con los sentimientos a flor de piel nos va introduciendo en un mundo mágico donde Micromegas viaja de forma inesperada a la tierra y con sus gafas de aumento podrá conocer de cerca todo y a todos, y será ese contacto lo que le permitirá ver que la injusticia, la irracionalidad, la mentira y la falta de dignidad son los cuatro pilares básicos de una madre Tierra que necesita la lucidez como el comer, pero que los pocos que cuentan con ella, como diría el maestro de la pintura, sufren de monstruos. Ya sabemos que la razón es lo que provoca.
Y esta lucidez es la que tendrá el protagonista de la segunda parte del libro, Zadig, que tendrá que hacer frente a numerosas desdichas, desilusiones varias, y sobre todo a la pérdida de la esperanza ante todo lo que vive y sabe que se le avecina.
Decía Bernard Shaw, que no hay secreto mejor guardado que aquél que todos conocen, pues bien: leed todos éste librito, mantened en secreto que lo habéis hecho, y simplemente actuar. Al fin y al cabo, la ilustración es una actitud ante la vida y las cosas, la que cada uno queramos tener o la que nos dejen. Nunca se sabe.
Curioso libro. Necesario libro. Esperanzador libro.
Elvira Ramos

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