miércoles, 6 de junio de 2012

MI PLANTA DE NARANJA LIMA. José Mauro de Vasconcelos


Título: Mi planta de naranja lima
Autor: José Mauro de Vasconcelos
Traducción: Carlos Manzano
Editorial: Libros del Asteroide
Págs: 208
Precio: 13,95 €

Mi planta de naranja lima tiene como protagonista a Zezé, un niño de cinco años que reside en Brasil con una amplia familia.
La historia comienza cuando, al mudarse a una nueva casa, cada uno de sus hermanos escoge un árbol que desde ese momento les pertenecerá. A Zezé, uno de los hermanos más pequeños, le toca por descarte el diminuto árbol de naranja lima que está en la parte posterior de la casa. Desilusionado ante la elección, Zezé pronto descubrirá que su árbol es el más especial de todos, con el que podrá incurrir en un mar de aventuras y de conversaciones.
Desde el primer momento el lector es trasladado a un mundo en el que, a pesar de abundar la escasez, Zezé es feliz, y es a través de los pensamientos de un niño de cinco años. El lector es invadido por una de las cualidades más características de la infancia: la ternura. Y eso se consigue sin artificios, solamente exponiéndonos cuáles son los pensamientos del niño, por qué hace lo que hace. Así, somos conscientes de que con ese corazón tan grande puede conseguir lo que se proponga, ya sea, llegar a ser sabio (aprendiendo y absorbiendo cada palabra que desconoce), que una media de mujer sea una serpiente o una gallina una pantera simplemente por el hecho de que quiera entretener a su hermano pequeño. Por supuesto, el elemento principal es ese árbol de naranja lima, con el que se trasladará a un mundo imaginario en el que ocurren múltiples aventuras.
Y es que Zezé es un niño peculiar. A pesar de que su familia está convencida de que “tiene el diablo dentro que le incita a realizar múltiples travesuras”, es capaz de provocar ternura con cada acto que hace, ya sea regalándole una flor a su desconsolada maestra o trabajando para pagarle a su padre un paquete de cigarrillos.
Todo esto el autor lo consigue con una prosa sencilla, en la que toman especial importancia los diálogos, que se gravan en la memoria por su mezcla entre sencillez, inocencia y sinceridad. Vasconcelos crea una novela sencilla, sin barroquismos ni complicaciones, que precisamente por eso es tierna y delicada. Nada parece artificial, todo es natural como la vida misma. Por eso se lee en un suspiro y que nos deja el paladar con una sensación agridulce: de un lado, lo dulce de la historia en sí; del otro, lo triste de la pobreza, del sino de todas las personas que no pueden permitirse comprar regalos para Navidad.
Laura Corral

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