jueves, 21 de junio de 2012

METRO 2033. Dmitry Glukhovsky


Título: Metro 2033
Autor: Dmitry Glukhovsky
Traducción: Joan Josep Mussarra Roca
Editorial: Scyla/Timun Mas
Págs: 541
Precio: 19,50 € / 8,95 €

“Metro 2033” es un nuevo fenómeno de la literatura fantástica. Se trata de una curiosa miscelánea entre ciencia ficción, novela de aventuras y terror que nos quitará las ganas de meternos en un sitio oscuro o cerrado durante un buen tiempo. Aún más curioso en “Metro 2033” es el hecho de que su base argumental es, paradójicamente, poco original; a estas alturas es increíble descubrir que un autor de ciencia ficción se haya decantado por escribir una novela futurista sobre el apocalipsis posnuclear y sobre mutantes. La originalidad, no obstante, de los planteamientos de este libro consigue que estos lugares comunes sean obviados por el lector y les suenen hasta novedosos, o diciéndole de otro modo: pese a dichos tópicos argumentales, podemos defender la frescura que hay en esta novela, a raíz de las situaciones tan diferentes que el autor propone. Así pues, Dmitry Glukhovsky insiste al lector para que experimente el horror y la mezquindad de la existencia en el último reducto humano del Moscú radioactivo: el Metro. En este oscuro refugio (que tan bien parece conocer el autor) se suceden las ciudades-estado, que no son otra cosa que los andenes o las estaciones del Subterráneo. Éstas sobreviven peor o mejor frente a las distintas amenazas del exterior: mutaciones que la radioactividad y las armas biológicas han creado, criaturas más allá de una evolución natural o darwiniana. Hay algo que ha quedado intacto, totalmente intacto, tras la última y devastadora guerra: el odio. También la ambición. Los hombres de este oscuro mundo continúan luchando por espacio o por poder, por ideas o por creencias, de modo que las pequeñas ciudades-estado batallan entre sí o forman coaliciones para enfrentarse a estaciones más potentes. El poder (o el lujo) es relativo, por supuesto: no sólo se mide por la cantidad de armas que se posea, sino por la luz de que se disponga en este oscuro y tétrico mundo subterráneo. Pero la luz no es la moneda de cambio, sino las balas. Son monedas letales, porque pueden usarse para acabar con una vida.
La novela se centra en el viaje de su protagonista: el joven e inexperto Artyom. Tal viaje está concebido como una búsqueda, un recorrido hacia la madurez. En principio se trata de ir hasta la legendaria Polis, la más poderosa y culta de las coaliciones de estaciones, para solicitar ayuda contra los “Negros”, una raza de mutantes telépatas que están a punto de destruir la VDNKH, estación de origen de Artyom, y son capaces de influir en el ánimo de quienes le combaten. El viaje como búsqueda a través de los tenebrosos túneles le llevará a conocer el Metro en toda su dimensión, en toda su oscuridad y en toda su locura. La novela está llena de una cruel ironía pero tampoco escasea la poesía; es particularmente conmovedor cuando el protagonista recuerda una frase que su tutor le dijo tiempo atrás: que cada solitario túnel tiene su propia canción. Un zumbido, un silencio aterrador en este mundo que, además de redundar en las ideologías, lo hace aún más en supersticiones y leyendas a cual más fantástica y terrorífica; lo que no es de extrañar teniendo en cuenta que ha habido una regresión casi a la Edad Media y este lúgubre presente supone una constante lucha contra la oscuridad. Por ello, el hombre hace lo posible por organizarse de algún modo y retornan, aún más recrudecidas y virulentas, las viejas ideologías: en el Moscú posnuclear hay una regresión al comunismo... pero también al fascismo. En una de sus muchas peripecias, Artyom cae en manos de unos fanáticos cristianos. La explicación que se hace de esta doctrina, a los ojos de una persona ignorante que nunca había oído hablar de ella, es de una sutil y cáustica ironía: un dios que te expulsa del paraíso para luego mandar a su hijo con la esperanza de que los hombres, una vez purificados, vuelvan a ese paraíso perdido no debe ser un dios muy consecuente, ¿pues para qué sirve volver allí si ya te habían echado antes? La Polis es para Artyom, y para esta humanidad desolada, una Meca de paz y de civilización, pero para llegar a ella tendrá que franquear muchas peligrosas fronteras. Olvida, por otra parte, que donde hay inteligencia también hay crueldad, y no encontrará solución inmediata a su problema. Será cuando regrese a la VDNKH, a casa, cuando se dará cuenta de que ese viaje ha sido ordenado desde una inteligencia superior que quiere ponerse en contacto con él y lo ha intentado a través de sueños, en encuentros furtivos en la soledad y la oscuridad del túnel. Cuando se apercibe de todo esto y descubre qué son exactamente los “Negros”, aparte del polo negativo de un ser humano, ya será tarde, pues su “enjambre” ha sido exterminado. El final es un vae victis (ay de los vencidos) que nos recordará un poco el epílogo de “El juego de Ender”, otro gran clásico de la ciencia ficción, por el reconocimiento del enemigo en su verdadera dimensión, cuando se ha estado implicado en su destrucción.
Una gran novela que vuelve a poner a la ciencia ficción rusa en el podium que siempre ha merecido y que ha dado pie a secuelas del mundo del Metro por parte del autor, y ha provocado asimismo la aparición de acólitos.
José Leandro Ayllón

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