martes, 5 de junio de 2012

LULU. Mircea Cartarescu


Título: Lulu
Autor: Mircea Cartarescu
Traducción: Marian Ochoa de Eribe
Editorial: Impedimenta
Págs: 160
Precio: 17,50 €

Lulu, la novela de Cartarescu tiene como protagonista a Victor, un joven escritor adolescente que sueña con convertirse en un autor bohemio que, gracias a su soledad, o bien por ella, escribirá La Obra que pase a la posteridad.
La narración se sitúa 17 años después de que tengan lugar los acontecimientos. El Victor adulto rememora la época en la que, junto con otros muchachos,  se marcha de campamento a un lugar alejado de su vida cotidiana. Se ve obligado a soportar a los demás, más preocupados por pasarlo bien y conocer gente que en leer a Kafka.
Cartarescu despliega un estilo plagado de descripciones y con escasos diálogos para narrarnos la historia del viaje interior del personaje, su modo de ver la vida, su percepción de la realidad, y, por encima de todo ello, el enfrentamiento entre la razón y los sentidos.
Cuando un autor pone todo su ser en una historia, se nota. Este es el caso de Lulu. Cartarescu se involucra tanto en modelar al personaje que se deja parte de su alma en describir la soledad que sufre el protagonista, además de los sentimientos encontrados de la adolescencia: la búsqueda de la identidad, la necesidad de integrarse en un grupo o el miedo al rechazo.
Y en el centro de la amalgama de todo lo anterior, está Lulu, un personaje misterioso que aparece y desaparece en toda la obra pero que se mantiene presente en cada párrafo. Lulu figura en cada palabra de la trama al igual que lo hace el aire que respira Victor.
Quizá esta novela rasgue el interior del lector porque todos hemos sido adolescentes y como tales, todos hemos pasado la época que describe, quizá sea porque en determinados momentos nos veamos identificados. O quizá sea por el estilo barroco del autor, la descripción exacta de los acontecimientos, la neblina onírica que envuelve todo el relato.
Lo cierto es que Lulu es una experiencia, no sólo por leer el libro, sino porque el lector encuentra diferencias en su propio ser al compararse con el que era antes de comenzar esta historia. Es una sensación extraña, de desazón al comprobar que Cartarescu se ha metido en nuestra intimidad y nos la ha mostrado sin compasión.
Laura Corral

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