lunes, 11 de junio de 2012

LOS PEQUEÑOS PLACERES. Miguel Sanfeliu


Título: Los pequeños placeres
Autor: Miguel Sanfeliu
Editorial: Paréntesis
Págs: 170
Precio: 13 €

Los pequeños placeres, escrito por Miguel Sanfeliu, y editado por Paréntesis, es un libro de relatos.
Miguel Sanfeliu es de Santa Cruz de Tenerife y tiene varios libros publicados, tanto en solitario como colectivos, así como en revistas literarias y blogs dedicados a la crítica literaria, llevando uno propio.
El título del libro es el de uno de sus relatos, y está muy bien puesto porque él nos introduce a lo que vamos a leer. Sus historias son narraciones de la vida diaria, de lo cotidiano; no nos arrastran hacia vidas extraordinarias o sucesos imposibles donde identificarnos es más un ejercicio de voluntad o fantasía. No, Miguel nos cuenta con un lenguaje sencillo y directo lo que podría sucedernos sin ningún problema en cualquiera de nuestros días. Nos enfoca ese hecho mínimo para que lo apreciemos en toda su grandeza, para que lo veamos como lo que es: la vida misma.
Nos permite asistir al encuentro de dos vecinos, uno arrastrado por su propia idea de la cortesía, donde más de uno se reconocerá, o al recuerdo de una compañera de clase de la que secretamente se estuvo enamorado y a la que la vida no le dio ni mucho menos, lo que debería haber sido. Nos lleva de la mano de frustraciones, emociones y esperanzas que el tiempo se encarga de poner en su sitio, normalmente sin nuestra aprobación.
Da la vuelta a situaciones, nos sorprende con detalles, tiene personajes entrañables, como el padre y marido que la familia decidió dar por muerto y al que vivo, asiste a su propio vacío en la casa; los tiene duros, como la pareja de ancianos que a simple vista, despiertan ternura y fe en el amor y que solo de cerca sabremos su realidad.
Todos estos relatos tienen en común lo cotidiano, lo maravilloso que es saber verlo; rescatarlo del día a día; hacernos protagonistas privilegiados de los pequeños placeres, o pequeños dramas, que se nos presentan antes nuestros propios ojos: solo hay que abrirlos. Y querer ver.
Eva Monzón Jerez

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