jueves, 7 de junio de 2012

LOS PEQUEÑOS PLACERES. Miguel Sanfeliu


Título: Los pequeños placeres
Autor: Miguel Sanfeliu
Editorial: Paréntesis
Págs: 169
Precio: 13 €

Hay placeres que matan, muertes que emocionan, vidas que apenas se comprenden, y libros que rasgan el alma  con las uñas, y despacio, pero aún así, duelen y mucho.
Lo que hace Miguel Sanfeliu con este libro de pequeños relatos, es decirnos que la vida va en serio, y que no vamos a salir vivos de ella, y lo hace de la única manera que nosotros, lectores y escritores, podemos comprender, con unas simples palabras, que no, palabras simples.
Esta mañana, leía en la prensa un artículo que hablaba de lo necesario que es, en los tiempos que corren, la sencillez de las pequeñas cosas, lo imprescindible de la sencillez deseable, también en la mágica literatura.
Porque este libro, es pura literatura, sencilla, como quería el autor, limpia, como agradecemos los lectores. Un libro, Los pequeños placeres, con trazos llenos de pasión, que valen tanto por lo que cuentan como por lo que guardan para si, gentes que han vivido  más de lo que deberían, palabras, que han hecho tanto daño como bien, en este mundo de 24 símbolos que de un tiempo a esta parte, es de lo poco que nos mantiene llenos de esperanza.
Este libro, si fuera un cuadro sería de Hopper, aquella cafetería de la esquina con tres personas dentro, ninguna hablaba, de hecho, seguro que no se conocían, pero conforman una conjunción de almas imprescindible para comprender la conjunción de la obra.
Ocurre lo mismo con los personajes de cada uno de los relatos, algunos gritan lo bonita que es la vida, pero lo violenta que puede llegar a ser solo con un gesto, una palabra, una mirada que rompa las cadenas que nos mantengan atados a ella.
Si tuviera que quedarme con dos de los relatos que Sanfeliu nos ha regalado,  me quedo con Dolor, y Los pequeños placeres. El primero narra la historia de un padre cuyo hijo ha asesinado de forma incomprensible, si es que el hecho de quitar la vida a alguien más allá de preceptos morales puede ser comprensible, a diecisiete personas en un restaurante, antes de suicidarse. La reflexión que hace el padre es absolutamente prodigiosa, un alarde de serenidad y de aceptación del dolor que el progenitor de un asesino puede llegar a transformar en una desgarradora petición de transformación, llegando incluso a comprender el por qué de la acción criminal.
Los pequeños placeres, solo porque sí, porque merece la pena  vivir la vida aunque a veces duela, y tanto y de qué manera, y menos mal, porque esto, mientras sea así, significa que seguimos vivos.
A veces, hasta leer duele. Hasta leer resucita.
Elvira Ramos

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