jueves, 7 de junio de 2012

LOS HIJOS DE LOS DÍAS. Eduardo Galeano


Título: Los hijos de los días
Autor: Eduardo Galeano
Editorial: Siglo Veintiuno Editores
Págs: 440
Precio: 20 €

Elementos de la Historia (de la escrita y la no escrita porque se silenció a conveniencia), lo que se historió en otras épocas y se hace todavía en esta; la voz de los vencidos; la voz que se impone (forzando, forzando) de los vencedores; las leyendas; los mitos; los dichos según dicen... Los hijos de los días, he aquí el nuevo fuego verbal de Eduardo Galeano (Montevideo, Uruguay, 1940), cumpliendo, en una estructura medio de cómputo diario, medio de señalizar el camino de cada día, que se tenga noticia de cada día del año, de lo que pasó en aquellas Romas y el pensador dejó constancia, de lo que el presidente del British Air Council, Winston Churchill dijo por allá por 1919: “No consigo entender tantos remilgos con el uso del gas. Yo estoy muy a favor del uso del gas venenoso contra las tribus incivilizadas. Eso tendría un buen efecto moral y difundiría un perdurable terror”.
Y perlas van y perlas vienen, tejidas estas estampas, estas crónicas literarias, estas palabras que cazan al vuelo el humor y la ironía para entregarnos al buen festín de conocer y no ausentarnos, y el desenfado galeaniano con saber decir las cosas para que queden dentro de uno, y nos sigamos preguntando por qué, por qué, por qué se empeñan los de siempre en acallar y tapiar los ojos y los oídos de los que menos posibilidades tienen de defenderse pues nacieron indefensos, y valiéndome de la palabrita recorte, por desgracia de moda hoy, “muy recortados de recursos”, con su muy pobre discurso a cuestas para rebelarse y huir de la parte, del imperio colonizador.
Entran en el libro personajes conocidos de la Historia y que la muy señorona Historia se empeña en desvalorizar y quitarle quilates. Las varias y luchadoras Manuelas de Ecuador, los poderes ocultos y no tan ocultos de la multinacional y peligrosa Monsanto, con sus semillas y artimañas artificiales para seguir alimentándonos de porquerías, el discurso de la guerra, Bush mediante, para enviar a ella a los que no saben ni aprenderán nunca a librarse de sus guerras interiores (de ahí que los manipulen a toda mecha).
Entre la fábula de corte cronista y el texto crítico, el dato específico de alguna tradición, el hecho de un día cualquiera que disuelve sus ecos por los caminos de la historia, como el del niño ese que gritó cuando vio que le pegaban a un Jesús de Nazaret en una procesión de Semana Santa, pocos años hace “Defiéndete, Defiéndete” y sería ya como el primer indignado que comienza por lanzar su joven grito, y que no se quede ese grito ahí, estancado, muerto, sin más eco que su propio eco.
Los hijos de los días. Editorial siglo XXI. De maravilla en maravilla van saltando esas imágenes y se nos quedan, se nos van pero vuelven a regresar de la mano de este fabulador polémico, comprometido, sin miedo a emocionar cuando toca, sin miedo a emocionarse (fui a la presentación en el Paraninfo de la Universitat de Barcelona y me pareció espléndida, muy sentida la presentación y la concurrencia). Más de 300 colores de muchos tonos y matices, más de 300 imágenes para guardar y recordarnos que la Historia, esa señorona, no niega lo que le conviene si viene un señor de la talla moral de Eduardo Galeano y pone el acento donde toca y los puntos justos sobre las íes justas. Léanla. Vale la pena
Ubaldo R. Olivero

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