martes, 5 de junio de 2012

LA TRAVESÍA DEL LIBRO. Jean-Jacques Pauvert


Título: La travesía del libro
Autor: Jean-Jacques Pauvert
 Traducción: María José Furió Sancho        
Editorial: Trama Editorial
Págs: 404
Precio: 28 €

El erotismo, en la vida como en la literatura es absolutamente excitante, porque lo excitante es nuestra imaginación. Eso debió pensar Jean-Jacques Pauvert cuando decidió ser editor.  A los diecinueve editó como su primer libro un texto de Camus sobre Sartre, pero por si no había suficiente con tal presentación, a los veinte editó las obras completas del Marqués de Sade, y eso ya, sí que son palabras mayores.
Con sus trabajos de edición no solo revalorizó  y revitalizó la industria francesa, también llenó de expectativas la cultura editorial. A pesar de ello, no se libró de años de cárcel por verse inmiscuido en una serie de procesos judiciales al oponerse a leyes sobre la libertad de publicación en prensa y libro que estuvieron vigentes muchos años más a partir del 1945.
Se podría pensar que su mayor intención era crear cierta atmósfera de escándalo, a juzgar tanto por sus "elegidos" para editar, como por las ediciones críticas de las que era responsable, sobre todo en los años de crisis del libro que vivió Francia entre el 1945 y el 1952. Cuando él reivindicaba con sus trabajos y amistades que por encima de cualquier negocio estaba la libertad de poder escribir como se piensa. Como si de un relato de piratas se tratara, nos aporta ciertas dosis de aventura, de compra venta en secreto de los más buscados, prohibidos y eróticos autores del momento. Todos los malditos estaban en su haber editorial porque lo que persiguió en toda su trayectoria fue que el erotismo fuera un concepto útil tanto en la literatura  como en la vida. Y lo consiguió.
Si hoy tenemos en nuestras mentes calenturientas nombres como el Marqués de Sade, André Breton, André Gidé, Genet o Madamme de Staël es gracias a él, a que se puso el calificativo de proscrito por montera y decidió que aquellos nombres merecían la pena. Que no importaba cual fuera el precio, ni los precios que tuvieran que tener, porque debían que ser leídos por los hombres y mujeres que se metían en las trastiendas para adquirir en secreto cualquier ejemplar que les ruborizara el cuerpo y encendiera mente y alma.
Cuando Gaston Gallimard, el gigante de la edición francesa le cuestionó sobre su inveterada intención de trabajar en el mundo del libro bien sabía los sinsabores que este mundo raro puede llegar a ofrecerte, pero a Pauvert eso le aumentó aún más su descarado apetito lector, su voracidad en busca de respuestas, su inconmensurable necesidad de mirar el mundo con otros ojos.
Desde su encuentro inicial con Albert Camus (pág 51), pasando por sus contactos con los libreros más oscuros de la ciudad (pág 99); siguiendo por su historia de amor con las obras de Sade (pág 145); el escándalo que supuso la publicación de Historia de O (pág 184); Todo el procedimiento judicicial en torno a Sade (pág 211); sus más que palabras con Raymond Roussel (pág 300), su enjuiciamiento por apoyar a Bataille, ya entrados en los años 60 y su relación de amor-odio con el Mayo francés, en el que acaba este primer capítulo de sus memorias.
Unas memorias que habrán dejado a más de uno con la boca abierta, bien por sorpresa o bien por los jadeantes sonidos que leyendo las obras que este hombre buscó, capturó y nos regaló, han sonado y seguirán sonando en las casas de muchos de nosotros, quienes debemos a Pauvert el placer de la lectura así como el del texto, como diría Roland Barthes,  de quien por cierto, tambié fue editor.
La Travesía del libro bien puede ser leída como Fragmentos de un discurso amoroso a la lectura, a la erótica del poder de las palabras, al sexo aún no consumado en la primera página de un libro.
Elvira Ramos

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