jueves, 7 de junio de 2012

A LA LUZ DE LOS PRODIGIOS. ALMAS, DEMONIOS Y SERES EVANESCENTES, MITOS Y MUNDOS EN SIGLO DE ORO. Gonzalo Gil González


Título: A la luz de los prodigios. Almas, demonios y seres evanescentes, mitos y mundos en el Siglo de Oro
Autor: Gonzalo Gil González
Editorial: Miraguano Ediciones
Págs: 288
Precio: 26 €

Hugo Semple, como la mayoría de los especialistas en pronósticos de la época, cree en una influencia infernal capaz de provocar todo tipo de fenómenos aéreos, y el más espectacular de ellos es la aparición de ejércitos que surcan el aire haciendo de las nubes su campo de batalla, con entrechocar de armas y estampido de cañones. (A la luz de los prodigios. Almas, demonios y seres evanescentes, mitos y mundos en el Siglo de Oro de Gonzalo Gil González).
El hombre cuerdo y sabio no se conmueve por los más bruscos golpes o violencias de la fortuna, mientras que el insensato teme hasta su propia sombra y se espanta de cualquier accidente, como si todo tendiese a labrarle la ruina[1]. Así eran en su mayoría los hombres en el siglo XVII ante lo inexplicable y estos dieronle el nombre de Prodigio para clasificar todo suceso extraño que excede los límites regulares de la naturaleza.
A la luz de los prodigios. Almas, demonios y seres evanescentes, mitos y mundos en el Siglo de Oro es un estupendo ensayo sobre la interpretación de sucesos dados por ciertos y sin los cuales es imposible analizar toda la civilización europea o el Siglo de Oro español. Entre los hechos que se mencionan –todos ellos certificados en cartas de testimonios- fueron las apariciones masivas en la villa andaluza de Arjona[2]  cuyas calles se vieron invadidas por una procesión de espíritus que atravesaban los muros de piedra por donde no había ni piedras ni ventanas; cuerpos luminosos y extrañas fragancias.
Los historiadores romanos en los tumultuosos tiempos que siguieron al reinado de Nerón en Roma ya nos describían apariciones varias de monstruos terribles, entre ellos pájaros de cabeza múltiple que el pueblo miraba como imágenes más o menos exactas del emperador. Durante la noche se veían a menudo luces brillantes que salían del cielo y en una ocasión se vio un escudo ardiendo que atravesaba, con la velocidad del dardo, la bóveda celeste, siendo su dirección de oeste a este. Gonzalo Gil González apoyado en los cronistas de la época nos dibuja un mundo donde era muy común aceptar nuestra convivencia con toda clase de criaturas feéricas: los trasgos, fantasmas, y duendes, no son como se juzgan, demonios ni otra cosa espiritual, sino solamente unos animales irracionales, o unos engendros naturales vivientes y sensitivos. Una lanza rota a favor de los hombres de ciencia  que intentaron someter a todos estos fenómenos al dominio de lo natural y no a lo divino o demoniaco.
Es imposible escapar al encanto de A la luz de los prodigios. Almas, demonios y seres evanescentes, mitos y mundos en el Siglo de Oro un libro escrito con fina ironía y que logra embarcarnos en el mundus imaginalis de brujas, espantajos y fantasmagorías.
Ricardo Acevedo Esplugas

[1] Séneca (Naturales Quaestiones, VI, I)
[2] A la luz de los prodigios. Almas, demonios y seres evanescentes, mitos y mundos en el Siglo de Oro, capítulo IV, pp. 83.

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