lunes, 18 de junio de 2012

LA ESPUMA DE LOS DÍAS. Boris Vian


Título: La espuma de los días
Autor: Boris Vian
Traductor: Luis Sastre Cid
Editorial: Alianza Editorial
Págs: 261 / 192
Precio: 9,90 € / 8 €

Habría que pensar en uno de aquellos hombres polifacéticos del Renacimiento, o en un flamenco capaz de tocar muy diferentes palos. Algo así se podría decir de Boris Vian: además de escritor (cultivó tanto la narración como la poesía y el drama) fue trompetista, traductor, ingeniero, pintor, inventor… Su catálogo de ocupaciones revela cuanto menos una notable inquietud. La pasión por el jazz (tuvo en vida la oportunidad de conocer a gente como Duke Ellington o Miles Davis) también queda reflejada en La espuma de los días (1946), la novela suya que hoy nos ocupa.
Repasando el argumento, encontramos desde muy pronto dos parejas amigas: Chick y Alise, y Colin y Chloé. La felicidad inicial de ambas, en especial la de la segunda pareja, se verá trastocada por el tratamiento médico al que tiene que verse sometida Chloé, debido a que un nenúfar ha crecido en su interior. Sí, un nenúfar, en el universo de Boris Vian eso es perfectamente posible: integra los elementos fantásticos en la historia de modo que no son tomados como extraños, aunque sí que sorprenden al lector. La espuma de los días desprende tristeza en su parte final, y también asistimos a alguna situación que roza el absurdo. Pero cabe destacar ante todo la imaginación de Vian, que escribe cosas como esta: “Pellizcó con fuerza el extremo de un rayo de sol que iba a llegar al ojo de Chloé. El rayo se retiró blandamente y se puso a pasear por los muebles de la alcoba.”
La faceta inventora del autor queda reflejada, por ejemplo, en el pianóctel, que recuerda al artefacto ideado por el excéntrico des Esseintes en A contrapelo.  La parodia también tiene cabida: Chick es un fanático de Jean-Sol Partre, nombre con el que se alude al célebre pensador francés. Así, la obra El ser y la nada se convierte en El seltz y la nata, por ejemplo.
Hay imágenes que uno recuerda especialmente de un libro. Para mí, en este caso, será sin duda un nenúfar. Creo que la próxima vez que vea nenúfares no podré evitar acordarme de Boris Vian. Si buscáis literatura diferente, fresca e inclasificable, puede que La espuma de los días sea vuestro libro.
Jesús Artacho Reyes

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