martes, 5 de junio de 2012

LA CÁMARA OSCURA. Georges Perec


Título: La cámara oscura
Autor: Georges Perec
Traducción: Mercedes Cebrián
Editorial: Impedimenta
Págs: 288
Precio: 21,50€

El propio Perec advierte en las palabras preliminares al libro de algo que habrá comprobado cualquiera que haya tratado de contarle a alguien un sueño. Qué difícil es relatarlo sin traicionarlo, qué poco probable que consigamos transmitir a otra persona la atmósfera tan subjetiva en la que nos veíamos envueltos, comunicar cómo era nuestra percepción de las cosas en ese confuso terreno de lo onírico.
Como habréis supuesto, La cámara oscura va de sueños. Reacio a lo convencional, a Perec, por supuesto, le gusta el riesgo. De modo que se lanza sin dudarlo a este experimento. No es raro que Juan Bonilla diga de él: “Para Perec lo simpático no era correr, sino inventarse los obstáculos que había que esquivar”. Igual que una vez decidió escribir una historia sin una sola e, vocal más usual en francés, en esta ocasión se propuso relatar, traducir o transcribir un total de ciento veinticuatro sueños.
Y hay que decir que a veces consigue superar esos obstáculos de los que hablaba Juan Bonilla, como en este caso, el sueño número cuatro, que casi parece un poema:

Sueño
Ella está junto a mí
Me digo que estoy soñando
Pero la presión de su mano contra mi mano me parece
demasiado fuerte
Me despierto
Está sin lugar a dudas junto a mí
Loca felicidad
Enciendo
La luz brilla una centésima de segundo y después se
apaga
(una bombilla que estalla)
La abrazo

(me despierto: estoy solo)

El lector se adentrará con este libro en el universo onírico del francés, en terrenos en ocasiones ajenos a lo racional. Y lo hará sin las referencias de los números de página, que han sido suprimidos en el volumen. Los sueños (unos más complejos, otros de una gran sencillez) están fechados y cronológicamente ordenados. La mayoría abarcan el período que va entre 1969 y 1972, después de que fuese creado el grupo literario OuLiPo (Ouvroir de Litterature Potentielle), en el que destaca el nombre de Raymond Queneau, el célebre autor de los Ejercicios de estilo, persona a la que Perec dedica la que se considera su obra cumbre, La vida instrucciones de uso.
Basta asomarse a un par de libros del francés (véase Un hombre que duerme, por ejemplo) para darse cuenta de que estamos ante un autor versátil, imaginativo e inclasificable. La cámara oscura no es más que otra muestra de ello.
Jesús Artacho Reyes

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