jueves, 7 de junio de 2012

HACERSE EL MUERTO. Andrés Neuman


Título: Hacerse el muerto
Autor: Andrés Neuman
Editorial: Páginas de Espuma
Págs: 144
Precio: 15 €

Es curioso que llamemos “hacerse el muerto” a eso de flotar en el agua del mar o la piscina, cuando lo que menos nos apetezca en realidad sea morirnos (al menos, a la mayoría de nosotros). A menudo la muerte, creo que más la ajena que la propia, nos asusta, nos perturba, nos hace sentirnos perdidos en el mundo de los vivos. Aunque la vida misma también a veces es del todo desconcertante. Pienso todo esto (además de otras muchas cosas) después de leer “Hacerse el muerto”, la obra de Andrés Neuman de la que hoy os hablaré.
Tras cosechar un gran éxito con su novela “El viajero del tiempo” (Premio Alfaguara de Novela 2009, Premio de la Crítica y Premio Tormenta), Andrés Neuman vuelve al cuento con “Hacerse el muerto”, un volumen compuesto por un total de treinta y dos cuentos (si tenemos en cuenta que los dos dodecálogos finales pueden considerarse, en cierta medida, también relatos breves) de extensión variable que se distribuyen en un total de siete apartados temáticos.
“Hacerse el muerto” es el título del libro, también del primer apartado que encontraremos en él y de uno de los cuentos que este contiene. Pero hablemos de este primer apartado, en general, de sus cinco cuentos en conjunto, de lo mucho que tienen que ver con la muerte, a veces desde un punto de vista sin duda dramático, otras muchas desde la perspectiva que nos proporciona una trama que en algún momento se vuelve irónica, incluso sarcástica. Porque la muerte, sin duda, siempre se burla de nosotros de una manera o de otra.
El segundo apartado, “Una silla para alguien”, está dedicado por completo a la muerte de la madre, de ahí que, aunque el característico sentido del humor de los cuentos de Neuman no se llegue a perder por completo, sí detectemos una mayor y desgarradora gravedad en las cinco historias que contiene este apartado.
“Sinopsis del hogar” nos habla de historias que pasan en familia, no necesariamente siempre “dentro de casa”, pero también de otras que ocurren durante las vacaciones, en la playa, en entornos familiares aunque no siempre corra por las venas de los protagonistas la misma sangre.
“Bésame, Platón” es un apartado dedicado a las relaciones de pareja, en el sentido más amplio de la expresión (lo que, sin duda, da para mucho), probablemente uno de los capítulos más divertidos del libro en su conjunto.
“Monólogos y monstruos” es un apartado dedicado a los monólogos más diversos, pero también a la reflexión. Nuevamente la paradoja, constante, por otra parte, de los cuentos de Neuman, toma fuerza hasta límites insospechados. O si no, comprobadlo por vosotros mismos.
Es difícil explicar en pocas palabras lo que vais a encontrar en “Breve alegato contra el naturalismo”. Este es, desde luego, el apartado más heterogéneo, tanto en temas como en las formas que tienen estos de ser narrados. A pesar de todo, me parece percibir algo en común en todos ellos: esa cierta crítica, a veces más sutil, a veces más acentuada, a la sociedad en la que vivimos actualmente. Pero seguro que cuando tú lo leas encuentras muchas más cosas.
El volumen se cierra con “Apéndice para curiosos”. Pero, ¿qué tipo de curiosos? A la vista del contenido, dos dodecálogos de cuentista, diría que aspirantes a cuentistas. O cuentistas aspirantes a tener el mismo éxito que tiene Neuman con los suyos. Aunque, ¿de verdad pensáis que con aprender un dodecálogo o dos ya tenéis bastante para conseguir esa maestría con las letras? No lo creo. Tampoco que Neuman nos vaya a desvelar sus secretos como cuentista así como así.
Los cuentos de Neuman presumen de cierta rebeldía, de ahí que, aunque los de este libro estén ordenados en sus respectivos apartados, sea fácil encontrar interrelaciones claras entre cuentos de distintos capítulos. Sería muy largo (y probablemente aburrido) hablaros de todas las que yo he encontrado. Para que veáis a qué me refiero, os pondré solo un ejemplo: los cuentos “Una rama más alta” (encuadrado en “Sinopsis del hogar”) y “Las cosas que no hacemos” (situado en “Bésame, Platón”) nos hablan, en esencia, de lo emocionante que es soñar con algo y esforzarte por lograr, pero también de lo fríos que nos deja el hecho en sí de alcanzar ese objetivo. Dicho de otra forma: lo importante a veces es el camino, no el lugar al que llegas.
“Hacerse el muerto”, en definitiva, es un libro de relatos escrito con maestría con el que llorarás, reirás, y, sobre todo, reflexionarás sobre los temas más diversos. Para mí este libro, con sus cuentos de finales insospechados, la profundidad de sus personajes y de sus historias, es el mejor libro de relatos de Neuman hasta la fecha, un volumen imprescindible para los amantes del relato en particular y los devoradores de buenas historias en general. Así que, amigos, no os hagáis el muerto y haceros con él, pues estoy segura de que sus páginas llenas de vida os aportarán mucho más de lo que penséis en un principio.
Cristina Monteoliva

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