jueves, 7 de junio de 2012

EN LAS MONTAÑAS DE LA LOCURA. H.P. Lovecraft


Título: En las montañas de la locura
Autor: H. P. Lovecraft
Traducción: Juan Antonio Molina Foix
Editorial: Cátedra
Págs: 376
Precio: 15, 50

¿Qué sucede con las buenas historias capaces de hechizar generaciones de lectores, y combatir al tiempo, y mantenerlo siempre a raya, trabajando siempre a  engrandecer la obra y el magín de nosotros los lectores? Pues que conocen el pasadizo secreto para llegar a donde sienten que tienen que llegar, y además, una vez allí, detenerse con la intención de no abandonarnos jamás de los jamases. Sobrepasan las modas y demás derivados y esas obras permanecen. Llegar al corazón no es nada fácil aunque aparentemente lo parezca. Y si llegar al corazón no resulta fácil mucho menos lo es a la razón y saber encontrar entre ambos un equilibrio merecido y ejemplarizante.
En las montañas de la locura, he aquí la construcción en la que se cumplen estas sentidas y meritorias palabras (el mérito no es mío evidentemente, el mérito es del grandioso escritor que fue Lovecraft, me limito a transcribir lo que las emociones de sus manifestaciones oníricas provocan). El autor no sobrevivió a ella pues en su tiempo fue un total desconocido. El hombre de Providence, H. P. Lovecraft, (1890-1937) no tuvo con sus fantasías que sobrevolaban todos los eones de tiempo, la suerte que bien merecía.
“Estoy obligado a hablar porque los hombres de ciencia han rehusado seguir mi consejo sin saber por qué”. Así comienza esta fabulosísima historia en el viaje de exploración a la Antártida que hace el narrador, un geólogo profesor de la Universidad Miskatonic, junto a otros compañeros del Departamento de Ingeniería. El Polo Sur nunca dejó de fascinar a Lovecraft, y la mayor parte de sus escritos provocan un extraño hechizo; casi siempre hay una presencia amenazante que parece llegada de alguna lejanísima civilización, recorriendo miles y miles de eones de tiempo y cargada dicha presencia con estimulantes y temibles resonancias.
En las montañas de la locura el hombre viene a ser (entre otras posibles ramificaciones) un signo atrapado entre otros signos de mayor sugestión y poder. ¿De mayor sugestión y poder? Sí. Ello indica ese miedo que sentían los científicos expedicionarios a las tierras pobladas por entes, visiones, constantes sombras de materia viscosa y omnipresente en cada revelación de la imaginación y en cada paso que daban los expedicionarios. El narrador quiere alertar al mundo de que esa expedición no conviene, y se dispone a contarlo para disuadir a los que insisten en ella. Al final se lanzan al viaje y van perdiendo por el camino compañeros, materiales, perros, trineos... Y esas geometrías en las que parecen perfilar ciudades de bellezas exquisitas, líneas que convergen, picassianamente, en algún punto, en alguna paralela, en algún cono truncado y desde la que puede notarse que ahí debajo, entre esas terroríficas y sublimes visiones, el hombre no es más que la voluntad inacabada de un mal error, de un mal presagio, y desaparecerá, desaparecerá y ocuparán su lugar esencias de una cultura muy superior a la nuestra pero antes deberemos de pagar un alto precio por ese cambio.
Al final, cuando el profesor ya está convencido de que ha sido un grave error visitar esas montañas de las locuras, tenemos la impresión de que las fuerzas del mal, ese caballero misterioso que se materializa en cada momento de la historia, han logrado encender en nuestras fantasías, la llama de la duda y el desconcierto, hasta que ese grito al final de la historia “¡Tekeli-li! ¡Tekeli-li!” (homenaje en escorzo a E. A. Poe) nos confirma una vez más que sí, que hemos traspuesto las puertas de un vaporoso castillo donde los ecos y los espejismos de cientos de visiones de mil formas, están ahí, y nos esperan, aguardan el instante preciso para saltar sobre nosotros y devolvernos a un estado anterior a nuestra corrupta carne dentro y fuera del tiempo.
Gratísimo placer volver a esta interesante y profunda novela, loada y reverenciada hoy por miles y miles de lectores de medio mundo, y no menos interesante el estudio introductorio de Juan Antonio Molina Foix, especialista y estudioso de la literatura fantástica y de terror. Cuenta además la obra En las montañas de la locura con un sustancioso Apéndice en el que estudiosos y escritores reconocidos (Fritz Leiber Jr; Juan-Eduardo Cirlot; Angela Carter; Fernando Sabater; Joyce Carol Oates, etc) brindan sus particular devoción a este escritor que fue grande y viajero sin salir de su pequeña Providence. ¡¡¡Enhorabuena!!!
Ubaldo R. Olivero

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