miércoles, 6 de junio de 2012

EL VOLUMEN DEL SILENCIO. Joao Anzanello Carrascoza


Título: El volumen del silencio
Autor: João Anzanello Carrascoza
Traducción: Lola Núñez Flores
Editorial: Ediciones Baile del sol
Págs: 131
Precio: 12 €

El volumen del silencio es un libro compuesto por diecisiete relatos. Con él, nos enfrentamos a las relaciones familiares: de padres e hijos, parejas, hermanos e incluso, con las de la soledad y el silencio.
João Anzanello Carrascoza es un escritor, editor y profesor de publicidad brasileño que ha publicado varias colecciones de cuentos a lo largo de su trayectoria como escritor. Algunos de sus relatos han sido traducidos al inglés, al francés, al italiano, al sueco y al español. El volumen del silencio reúne una selección de sus mejores cuentos. João consiguió el premio Jabuti, el más importante reconocimiento literario de Brasil.
Sus personajes se defienden como pez en el agua, luchan por hacerse un hueco. Nos encontramos con viajes donde se conversa poco. Historias donde las aventuras son más para los hijos que para los padres, donde los niños se dedican a conducir sueños en los trayectos en coche.  Como sabemos que los niños soñadores no saben frenar los pensamientos como los adultos, por ello nos preguntamos: ¿cómo medimos las distancias? ¿Con el silencio?
Poco a poco vamos descubriendo que el peligro que hayamos en las cosas sencillas nos hace echar de menos las alfombras mágicas. ¿Dónde nacen los cristales? Pregunta el niño aturdido. Él duda de su padre pero no por maldad sino porque sabe que aún es niño y le queda mucho por aprender. Si las casas fuesen de cristal quizá todo sería más sencillo.
Y más tarde nos interrogamos de nuevo: ¿los jarrones tienen alguna utilidad? ¿Y los azules? Tal vez todo esto no sea tan complicado y se resuma en que los hombres se miden por sus sueños. Pero, ¿Dónde están las alas de los ángeles? Puede que junto a los amores-perfectos, un nombre hermoso para las flores pero no para la vida del protagonista. Y así, se cierra la maleta con la que va a visitar a su madre. La triste rutina, los comentarios frívolos mientras saluda al hijo perdido, al hijo ausente. La televisión es la única compañía de esa mujer junto a una fuerte tos, la mujer que lo ha servido toda la vida.
Más tarde nos encontramos con un marido y su mujer sentados en un sofá durante un apagón, sentados ante la oscuridad continua, acostumbrando los ojos. Se oye masticar, la respiración; un momento donde las risas no encuentran lugar. Descubrimos que cuando las distancias se reducen la realidad parece un breve parpadeo. Mientras tanto las cocinas de los restaurantes huelen a especies, los hermanos se reencuentran en ellas y disimulan, no, no son ellos, son otros los personajes que descubren el silencio en las breves conversaciones.
Fumar en una acera sombría, encenderse un pitillo, escuchar como rugen los automóviles en las cercanías, ver los bares abiertos, las bicicletas y aún así, no encontrar un lugar donde ver la luna entre las nubes. Dos caminos, dos calles diferentes, que pueden acercarse como los márgenes de un río. Las parejas también se hacen un hueco en la noche, buscan un buen momento para hacer el amor pero a veces no hay ánimo para ello. Preparar el café, leer, hablar de la lluvia si está lloviendo, quejarse del calor, de la sed; hablar de trivialidades, de sueños. Desenrollar el hilo de Ariadna para vivir con prisa, sintiendo culpa, arrepentimiento e incertidumbre. Llevamos años perdiendo la memoria. Años soportando el silencio.
Un niño espera a su padre mientras la madre cuida del rosal, soportando los gritos de la soledad. Y también en otros lugares se esperan visitas y entonces los invitados traen Whisky y flores junto a nuevos cortes de pelo. Charlar de los artistas pop, de algún Ferrari y de las deudas que poco a poco van enterrando. Y de nuevo el niño espera a su padre en la puerta, observando el mundo. Se parece más a él que a su madre, lo sabe y mientras una voz le susurra: no tengas miedo todo saldrá bien, el resto de los niños se levantan de madrugada, se visten, somnolientos. Su madre les prepara un tentempié. El protagonista aún recuerda a su amigo, a las peonzas, los rompecabezas, los soldados y los indios del Fuerte Apache. Pero a veces las madres no están bien de salud y las hijas tienen que faltar a la escuela. A veces es insoportable abrir los ojos y toparse con el sol.
Begoña Callejón

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