jueves, 7 de junio de 2012

EL OSITO COCHAMBRE. Ignacio Cid Hermoso


Título: El osito Cochambre
Autor: Ignacio Cid Hermoso
Editorial: 23 Escalones
Págs: 204
Precio: 15,95 €

Reseñar una novela de este tipo no es nada fácil, ya que me dejaré en el tintero muchas cosas que deberían ser tratadas en un estudio más detallado.  Cabe decir que El osito Cochambre ha sido uno de los libros más esperados de este año —o eso es lo que creo— no sólo por su autor, sino por las expectativas que despertaba la novela, tanto a nivel argumental como técnico. Además, el título abría también las puertas a numerosas especulaciones sobre la novela.
Esta reseña va a ser también un tanto distinta de las otras. En primer lugar, porque no voy a hacer un resumen, querido lector. Me es muy difícil realizarlo sin meterme de lleno en la historia, y eso es algo que usted nunca me perdonaría. Simplemente, mencionar que ustedes se van a encontrar una historia de amor inusual, pero también una historia de sexo, de pasión desenfrenada, una historia sobre la redención humana, ¿por qué no?.
Está bien, os ofrecerá al menos una breve sinopsis: Mauro, un profesor viudo y solitario, se reencuentra tras muchos años con una persona que fue muy especial para él. Este encuentro será, al mismo tiempo, positivo y negativo para él, pues removerá en su conciencia oscuros secretos del pasado. Al mismo tiempo, regresa su hermano Cristian, drogadicto, el cual siempre le mete en líos. Mauro tratará de solucionar sus nuevos problemas de la mejor forma posible pero, en ocasiones, el único modo de escapar de los fantasmas del pasado es enfrentándose a ellos...
En segundo lugar, me voy a centrar en los dos motivos temáticos que —a mi parecer— recorren la novela y alrededor de los cuales se articula todo. (Estos dos motivos ya los hallé presentes en otras obras de Ignacio Cid, y lo cierto es que a mí me encanta estudiar estos casos en los que una temática se repite, porque me parece muy curioso):
El primer motivo es el poder destructor del sexo. Y no puedo evitar pensar en la teoría freudiana de la pulsión de muerte contrapuesta a la de Eros, preservadora de vida. No sé muy bien cuánto hay de cada en la obra de Ignacio Cid, y creo que sería mejor ir analizándolo a medida que publique otras obras (si es que en ellas aparece esto, claro está). Pero en este caso, a diferencia de la teoría de Freud, los personajes parecen abocados a un trágico destino enraizado en ese Eros. Aun así, no todo es destrucción y autodestrucción en la novela, pues también cabe espacio para la ternura (pero no quiero decir más).
Y el segundo motivo —precioso y verdaderamente interesante, con una larga tradición literaria— es la escritura y su proceso como salvación. Creo que se puede ver claramente en la novela. La realidad es cruda, el mundo incoherente. Así, Ignacio Cid (a la manera de Onetti) construye un espacio de ficción en el que sus personajes intentan ser otros, cambiar de piel, cambiar de vida. Parece ser que la única forma de salvarse y de encontrar una salida a esa terrible realidad es encontrar un hueco en las palabras, convertirlas en un lugar cálido y seguro.
En cuanto a la estructura, se puede dividir en tres partes claramente diferenciadas (aunque, por supuesto, relacionadas): en un primer momento el narrador, el protagonista Mauro, es en primera persona, el cual recuerda su infancia pero desde una perspectiva adulta.  Esto tan solo dura un capítulo —el primero— que evidentemente sirve de preámbulo a la historia en sí. A continuación, el narrador pasa a una tercera persona, y en ocasiones Ignacio Cid utiliza con maestría el estilo indirecto libre, el cual es bastante difícil de adecuar sin que parezca demasiado artificioso. Por otra parte, entremezclado con este narrador encontramos unos fragmentos que podríamos clasificar de surrealistas, con una prosa poemática llena de imágenes modernas, inusuales y muy inquietantes: es cuando conocemos al osito Cochambre.
Pasando a los personajes, hay claramente dos que destacan pero por su similitud: Mauro y Elisa. Los clasifico en esos personajes que, como he dicho más arriba, intentan ser otros. Elisa lo intenta enamorándose de Mauro y éste, ¿enamorándose? de Elisa. La relación que entre ellos ha creado Ignacio Cid es una de las más poderosas y polémicas que yo haya encontrado en las últimas novelas que he leído. Otro personaje con fuerza es el de Patricia, la esposa de Mauro, que ocupa un puesto de honor en la trama de la novela aunque no aparezca tanto como los otros dos. Y, por último, el del osito Cochambre, aportando un toque siniestro a la narración. Hay más personajes, como la ex pareja de Elisa y el hermano de Mauro, a los cuales sitúo en ese mundo exterior (si se permite llamarlo así) sucio y corrupto.
Ignacio Cid ha conseguido satisfacer las expectativas de sus lectores con una novela que muchos han clasificado —también el propio autor— de thriller emocional. A mí no me gusta poner etiquetas a las cosas aunque pueda facilitar el trabajo a la crítica literaria, y mucho menos quiero ponerle una etiqueta a una novela que creo que es mucho más que un thriller emocional, aunque es bien cierto que hay mucha emoción en El osito Cochambre y, aunque me arriesgo a esto, también hay mucho Ignacio Cid en ella. Se nota que el autor ha plasmado sus miedos y obsesiones y también sus teorías.
No me queda más que decir que Ignacio es un autor joven que puede llegar muy lejos, pues tiene un estilo propio, tiene una voz singular muy difícil de conseguir en estos tiempos que corren. El osito Cochambre es una muestra de que la literatura española — y muchos de sus autores— todavía conserva su esplendor.
Elena Montagud

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