miércoles, 6 de junio de 2012

EL MUNDO DE LOS CABEZAS VACÍAS. Pedro Ugarte


Título: El mundo de los cabezas vacías
Autor: Pedro Ugarte
Editorial: Páginas de Espuma
Precio: 187
Precio: 16 €

El mundo de los cabezas vacías es un libro singular con un singular título. Y no es ya por sus relatos sino más bien por su concepción del mundo. Algo que resuena a aquel retintín que alguna vez hemos escuchado: ¿ves?, ya lo decía tu padre, el mundo está lleno de cabezas vacías. Y supongo que su autor, Pedro Ugarte, algo de razón debe llevar. Su libro se lee con avidez. Recomiendo especialmente tres de sus relatos: el ya mencionado que da título al libro y otros dos: Atardecer en la feria y Amigos para siempre.
Pero empecemos por los relatos. En el que da título al libro, El mundo de los cabezas vacías, un muchacho de padre anarquista y madre tahúr acaba encontrando su oficio reescribiendo y corrigiendo las cartas de protesta que escribe su padre. El relato contiene algunas perlas que uno no puede dejar pasar. Ahí va una muestra: (p.13) “… no acertaban a encontrar nadie concreto sobre quien depositar el más mínimo gesto de generosidad, de nobleza o de justicia. A estos individuos se les denomina intelectuales”
En Jardín de infancia, un funcionario que trabaja en un proyecto infantil sufre la separación del mismo por una opinión mal encajada.
Atardecer en la feria es un relato con más enjundia, actual  y con un giro inesperado  que no desvelaremos. Un hombre que odia desde su infancia las ferias debe ir a una de ellas a recoger a sus hijos. El desarrollo que sigue a continuación resulta bastante sorpresivo.
Con el título de ¿Quién construyó las pirámides? se nos narra una cena entre amigos que deriva en esa extraña y aparentemente inusual  conversación. Otra cita más privada se  frustra porque él no sabe cambiar la rueda de un coche. Ocurre en El invento de la rueda.
El relato más largo es Azul marino o gris marengo. En él el protagonista es un hombre, de los que todos entenderíamos como calzonazos, cuya vida dirige su madre.  Para su desgracia debe dirimir entre la opinión de ésta y la de su novia. No tiene libertad alguna para vestir. Al final acaba en brazos de una  amante ocasional, conocida de su madre, que también le dice cómo vestir.
Extraño el relato Estación en la tierra, tanto que no haré comentario al respecto antes de hablar con el autor y entender el “juegooooooooooooooooo”.
En País en armas, héroes de barro el autor parece situarse en la realidad vasca. En el relato dos hermanos tienen actitudes diferentes ante la violencia. Uno, el alto cargo político (hay momentos en que el autor confunde la situación de un alto cargo político con la de un funcionario y eso desdibuja un tanto la realidad que cuenta) la rehúye. Su hermano, escritor, se enfrenta a ella.
El olor de la verdad, juego de palabras que tiene que ver con el tema tratado, en este caso las relaciones sociales, es protagonizado por dos amigos de toda la vida. Uno de ellos se encuentra ante el dilema de tener que decirle al otro que padece de halitosis sin que éste se ofenda. Muestrario de la hipocresía de las relaciones sociales donde las verdades ofenden y es mejor esconderlas.
El tema de la amistad aparece también entre antiguos compañeros de trabajo. En Amigos para siempre un empleado de un taller logra medrar y abandona el trabajo pero es invitado una y otra vez a una comida con sus ex compañeros. Cada año que asiste tiene la sensación de no pertenecer a ese lugar. Al final, nada de lo que hay allí tiene que ver con su vida pero, por algún motivo es incapaz de negarse a asistir.
En Habitantes del limbo otra vez la amistad, esta vez en un pueblo de provincias donde todos se conocen.  Dos personas, quizá amigos, de la élite intelectual intentan hacer una película con el trasfondo del pueblo.
Por último, Una comedia romántica que habla de la soledad oculta de un gacetillero, o de cualquiera de nosotros.
Historias de pequeñas realidades, de pequeñas derrotas que muchos de nosotros reconoceremos en su trasfondo, en sus vivencias. Tratadas con ironía y, a veces, con cierta acidez. ¿Será que el mundo está lleno de cabezas vacías tal y como nos propone Pedro Ugarte?
Luis Vea

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