miércoles, 6 de junio de 2012

EL FIN DE LA RAZA BLANCA. Eugenia Rico


Título: El fin de la raza blanca
Autora: Eugenia Rico
Editorial: Páginas de Espuma
Págs: 101
Precio: 14 €

Eugenia Rico es una de esas escritoras de raza en las que la literatura transpira por su piel y así es también El fin de la raza blanca, su libro de cuentos, con respiración propia, ya que cada uno de ellos parece una bocanada para tomar aire y sumergirse, más y más, en el pantano de la maldad. Es como si cada historia te preparase para la siguiente, más cruel, como una de esas verdades que, de tan terrible, se tiene que ir desgranando poco a poco.
Pese a haber escrito cuentos desde niña, esta es su primera publicación en libro, tal es el respeto que el género le merece y es que, no en balde, se trata de la manifestación más antigua y genuina de la literatura, según palabras de la propia autora. El libro se compone, como si de un soneto se tratara, de catorce cuentos y, al igual que en estas composiciones poéticas, cada uno de ellos ejerce el poder de un verso certero que nos va penetrando mientras lo leemos. En homenaje a La Divina Comedia de Dante, estos van tranzando un descenso a los infiernos, pero en orden inverso, ya que aquí la primera parada es el cielo. En este caso, se trata un cielo inquietante, poblado de cementerios, de trenes de los que no se puede bajar o de aviones que aterrizan en ciudades desconocidas. El purgatorio, por su parte, se compone de amantes que huyen; de salas de esperas eternas y de maltratadores. Finalmente encontramos el infierno, la maldad absoluta: nazis; fascistas; pederastas; hombres crueles, sin entrañas pero, a la vez, vulgares, anodinos, cotidianos para arrebatarles así ese halo de grandeza que tantas veces tienen los malvados.
El libro, además, se abre y se cierra con dos sugerentes microrrelatos que te introducen, desde el primer momento, en esos mundos que  Eugenia Rico sabe crear de manera tan magistral. Se trata pues, de una pequeña joya que debería lucir en todas las bibliotecas para poder acudir a ella cada vez que se necesite un sorbito de buena  literatura.
Sonia Sierra

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