martes, 5 de junio de 2012

EL CLUB DE LOS PARRICIDAS. Ambrose Bierce



Título: El club de los parricidas
Autor: Ambrose Bierce
Ilustraciones: Pablo López Minarro
Traducción: Jesús Aguado
Editorial: Traspiés
Págs: 88
Precio: 15,80 €

Las ilustraciones maravillosas de Pablo López nos acarician a sabiendas de la puñalada trapera que vamos a recibir en cuanto empecemos a leer El Club de los Parricidas: pequeñas historias dignas de los más tiernos escritores de sucesos macabros llenas, por otra parte, de sublime humor negro.
En los cinco relatos que componen este libro, podemos encontrar personajes absolutamente fascinantes que matan maravillosamente bien. Tengo el gusto de presentarles a ese amado sobrino que corta el tendón de Aquiles a su tío, lo mete en un saco de patatas y cuelga de un árbol a merced del más tierno carnerito de media tonelada, que curiosamente pasta en el corral vecino y que seguro que, amablemente, se presta a quitarle la vida al ser humano que gime desde dentro, es un hombre del saco.
Si no les ha caído bien esta criatura celestial, lo mismo les apetece tomar el té de la cinco con una mujer que, ante el inminente asesinato de su marido (el hombre del saco de arriba), aboga, siempre delante del amado sobrino, porque en la irredente batalla gane el mejor.
Pero como sé que algunos de ustedes no son precisamente la alegría de la huerta, y gozan de un gusto cuidadosamente formado por la música, también he conocido en esta lectura a un grupo de hermanos, que por supuesto ante la insoportable necesidad de amarse entre ellos, no tienen más opción tras la muerte, por supuesto por motivos naturales, del patriarca de la familia, que ponerse a trabajar, unos como músicos, dado su gran talento interpretativo de la corneta, en una residencia de sordomudos. Otros, ante su sobrada y académica preparación como ladrones, optan por realizar pequeños hurtos de los artículos expuestos en las puertas de las tiendas.
Les aviso, que es muy posible, que si alguno de ustedes decide asesinar delicadamente a su padre, corre el riesgo de que el día más inesperado surja de las profundidades algo borracho, pues si se le entierra de manera superficial, puede ser que escape de la tumba y se esconda en el sótano, donde no haya más que vino para calentarse. Cosas que pasan.
Esto, claro está, si sucede con usted delante, le puede provocar espasmos, y como estén sus adorables hermanos acompañándole, es más que posible que  al salir corriendo despavoridamente,  mate a sus hermanos pequeños al pasar por encima de ellos usando todo tipo de artilugios para tratar de que el adversario, es decir, su  querido hermano, no se salve antes que usted del padre resucitado de entre los muertos y algo cabreado con sus vástagos por su frustrado asesinato.
Claro que en esta familia donde lo primero que hacen por la mañana es darse los buenos días y repartir besos a mansalva, también hay gente con asombrosos poderes, dignos de admiración. Niños que no tienen más remedio que ser agasajados con castigos tan duros como pequeñas caricias con látigos de 9 colas, y esto, solo por haber hipnotizado a una compañera del colegio y robarle el almuerzo cada día, encima que le hacía un favor para su dieta, y causarle la muerte durante el proceso. Con lo cuidadoso que es el susodicho, que la mata "durante" y no " a posteriori", para que sufra menos.
Yo, sinceramente, creo que a mi futuro defensor en el barrio, un suavísimo gusano de seda que me he comprado para que me defienda de los cacos atándoles las manos con delicadeza, porque más delicado que la seda no lo hay, lo llamaré Ambrose Bierce, que me da que le va a imprimir carácter.
Lean malditos, y no sean flojos...     
Elvira Ramos

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