jueves, 7 de junio de 2012

EL CIRUJANO DEL CIELO. Alberto Trinidad


Título: El cirujano del cielo
Autor: Alberto Trinidad
Editorial: Ediciones Oblicuas
Págs: 500
Precio: 16 € / 8 € (ebook)

Por suerte para todos nosotros podemos decir que la literatura es un mundo extenso y diversificado, y que dentro de ella caben infinidad de temas, lenguajes e intenciones.
Siguiendo esa teoría hay libros que nacen en esencia para narrar aventuras o entretener, y otros que nacen para ser los provocadores de esas experiencias. Estos últimos en mi opinión son especiales porque activan al momento los cinco sentidos, la vista no resulta nunca suficiente para abarcarlos, para moverse con ellos página a página. Digamos que son capaces de transportar a cada lector en una aventura única al fondo de sus recuerdos y deseos para invitarle a una reflexión tras la que, probablemente, algo de lo que se es habrá cambiado.
Todo un desafío.¿Quién podría rechazarlo?
El guante esta vez lo ha lanzado Alberto Trinidad (25 de noviembre de 1975, Barcelona), editor de Ediciones Oblicuas, que nos invita a navegar a bordo de su última novela “El cirujano del cielo”. Esta novela cerraría la supuesta trilogía conceptual del autor, junto con sus dos novelas anteriores “Minorías de uno” y “El Arquitecto de Atmósferas” publicadas bajo el mismo sello editorial.
Nos descubrimos desde el prólogo situados en un mundo surrealista y onírico, desconcertados, como un alter ego del narrador. Y lo que vamos a vivir en otra piel es la evolución decadente de un hombre que nace por última vez a los treinta años de edad en un cementerio. No tiene nombre, solo un cuaderno de bitácora en blanco que lleva marcadas de manera inamovible una fecha de inicio y una fecha de fin. Esto significa que tiene a su disposición los tres meses de verano para vivir su última aventura, y despedirse de la mejor manera posible.
Si el comienzo ya parece singular, todo se vuelve aún más sorprendente cuando descubres que el viaje va sucediendo en varias dimensiones del espacio, del tiempo, e incluso de la mente: “Yo estoy fuera del espacio y de lo que es el tiempo. Vengo de mi reciente nacimiento y no tengo pasado porque estoy fuera del tiempo: no estoy en el tiempo y no vengo de él. Y desde donde aparezco, desaparezco (…) ¿Y tú, cómo has venido a parar a este no tiempo, a esta secuencia retrospectiva de mí mismo?”
A partir de aquí nos adentramos en un monólogo interior escalofriante, narrado con tan hermoso lenguaje poético que hay que frenarse los ojos y leer despacio para dejar a la imaginación recrear lo descrito, entrever lo simbólico, disfrutar de los juegos lingüísticos y de las alusiones literarias (por ejemplo la reina Titania acertadamente inmersa en otro sueño de verano).
A pesar de todo el conjunto resulta un texto fluido, deja vivir al personaje y lo sumerge dentro de una ficción mental extrema, plagada de experiencias místicas y brutales encuentros.
Los personajes van apareciendo desde diferentes puntos para ayudar al protagonista a descubrir lo que resta de sí mismo y del mundo, con cierto pesimismo pero sin falta de interés, vive desmenuzando hasta el último segundo los caminos más oscuros de su mente, cayendo, saltando, volviendo a caer.
Los capítulos están separados en seis cantos cuyos nombres no escapan a la lengua poética de Alberto, “Canto III: Cómo respirar sin que se tambalee la estructura ósea del Universo”, ni a ese simbolismo algo filosófico que se respira a lo largo de la obra para intentar explicar las más crudas realidades de un alma.
Sería arriesgado o simplemente imposible tratar de resumir esta historia. Precisamente lo mejor de ella radica en que no se trata de un argumento de hechos sólidos que suceden desde un principio a un final y que una vez acabado se acaba. Cada fragmento contiene un núcleo de vida propio que te conduce a muy diversos parajes no ya de la historia sino de ti mismo.
Otra manera de entender esto puede ser el epílogo. Juega en un último instante con la narratividad para devolverlo todo a un punto de partida semejante, pero que en realidad ya es otro, porque ningún lugar visitado es el mismo al volver. Exactamente igual que un buen libro. Y es que “El retorno al origen una vez constituido el final, la fortuna de poder volver al principio y vivir de nuevo el sentido de todo lo sido(...)”.“Todo volverá a ser lo que nunca fue.”
Raquel Arévalo

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