miércoles, 6 de junio de 2012

DESPUÉS. Horacio A. O´Donnell


Título: Después
Autor: Horacio A. O’Donnell
Editorial: Ediciones Doble Hache
Págs: 324
Precio: 10 € (www.doblehacheediciones.com.ar)

Horacio O’Donnell nació en Buenos Aires, Argentina.  “Después” (ISBN: 978-987-25109-0-9) es su primera novela publicada, pero al adentrarnos en sus páginas comprendemos que se trata de una escritura ya madura, bien experimentada antes de dar a las prensas este título inicial. Esta impresión surge respaldada por la solidez de la estructura narrativa que se abre ante nosotros, al ingresar al universo ficcional que nos propone su autor.
Si es un ejercicio arduo la novela en su forma clásica, que atraviesa la acostumbradas secuencias de comienzo, desarrollo y final, con sus tradicionales segmentos donde se procede a la presentación de los personajes, la exposición de las relaciones que los unen, los conflictos que los separan y posteriormente, se hace converger todas esas líneas narrativas en la trama general para desarrollarla y así arribar a un final que es la clausura de todas las relaciones antes establecidas, un trabajo todavía más duro es el de edificar una novela coral, donde no existe una sola trama y línea argumental, sino que en una extensión discursiva tan amplia como la que posibilita construir el género, se manifiestan numerosas historias paralelas, donde algunas se interceptan y otras no; donde es preciso tejer una apretada red de relaciones acechada constantemente por el peligro de que esa estructura, ambiciosa y compleja, desbarranque y termine siendo fallida, pues las palabras y los climas de la ficción han dejado de obedecer al autor, han cobrado “vida propia” y se han convertido en algo muy semejante al caos vital, esa mezcla de causas y efectos que es, precisamente, la representación que nos hacemos de lo real, el mundo mismo donde vivimos y donde, además de muchas otras actividades, algunos seres humanos escriben novelas. Es que este género literario necesita de un orden, un orden artificial e impuesto, como todos los órdenes, para ser literatura. Fuera de este orden necesario, lo que construye el discurso narrativo termina siendo artificiosamente pretencioso y se queda allí, en esa instancia.
Solamente una pericia comprobada en el arte de narrar y un afiatado manejo de los recursos estilísticos salva técnicamente de este peligro y esas son cualidades que Horacio O’Donnell demuestra acabadamente poseer, ya que su “Después” es una novela coral, sostenida por el afinamiento de numerosas voces que en ella se expresan –cada una, desde su propia historia- exactamente como el autor lo desea, haciéndolas confluir en un solo movimiento de esta sinfonía novelística.
La habilidad del autor nos presenta, en apariencia, una trama policial –subgénero hoy nuevamente de moda con el auge de la novela negra, aunque poco cultivado en la Argentina, en relación a lo que se hace en otras latitudes- para hilvanar todos los hilos que pulsa en “Después”. Así, el detective Baltasar Bartello, el protagonista principal, intentará dilucidar las circunstancias que rodean el asesinato de una mujer, perpetrado en la aparentemente tranquila localidad de San Isidro, aneja a la ciudad de Buenos Aires. Como lo indica la tradición detectivesca, Bartello tiene un ayudante, que actúa en contrapunto con él, tal como el Dr. Watson con el famoso Sherlock Holmes: este ayudante, joven y entusiasta, es Ramón Pérez, quien cobra vida en la diégesis de “Después” –como es habitual- para destacar por contraposición la experiencia y la pericia investigativa de Baltasar Bartello. El caso de la investigación se complica al hacerse evidente y por ende, sospechoso, que varias personas tendrían interés, cada una por motivos diferentes, en acabar con la vida de la víctima. Tales, su ex marido, su actual pareja, su amante de ocasión, la mejor amiga de la fallecida y hasta un asesino serial, de origen extranjero, que es una de las mejores construcciones de las muy logradas por O’Donnell en su novela. Hasta aquí, tenemos todos los elementos clásicos de una novela policial de las llamadas “de intriga”, para diferenciarlas del “policial negro”. Pero el valor fundamental de “Después” no estriba en esta construcción –por otra parte, muy eficazmente lograda-, sino en que O’Donnell establece como meta y logra crear, definitivamente, un mosaico de personalidades que se relacionan conflictivamente entre sí, tantas como son, sin perder en un solo momento sus peculiaridades, trazando en cada una de ellas un racconto de las debilidades, miserias y grandezas que constituyen la esencia misma de lo humano.
Definitivamente –en mi opinión- no es ésta una novela policial: es algo más vasto y trascendente, una pintura, un fresco de las posibilidades de lo humano en lo contemporáneo, tan bien realizada, que los personajes parecen tener carnadura real y hasta posibilitan, por arte de su creador, que nos resulten inquietantemente familiares varios de sus rasgos. Hay identificación, hay reconocimiento. Hay una mise en abîme constante en la superposición, entrecruzamiento y oposición de los personajes de “Después” que habla de un arte mayor, el que lleva a levantar esta estructura propuesta por O’Donnell para que se sostenga ante el ojo del lector con sólida presencia. Así, el significado final de la novela se proyecta sobre la conciencia de quien la lee mostrándonos su ambicioso y bien logrado alcance. El discurso logra imponerse sobre la natural inclinación a la incredulidad que poseemos, marcando un nuevo tanto para la literatura.
Luis Benítez

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