jueves, 14 de junio de 2012

CRÓNICAS DE MOTEL. Sam Shepard


Título: Crónicas de motel
Autor: Sam Shepard
Traductor: Enrique Murillo
Editorial: Anagrama
Págs: 144
Precio: 7€

De cuando en cuando, con menos frecuencia de la que a algunos nos gustaría, Sam Shepard se descuelga con un libro de relatos. Polifacético como Boris Vian, más dedicado a otros asuntos (la dramaturgia, la música, los guiones, la interpretación), se podría decir que sus relatos son como los poemas que se le cayeron de las manos a Luis de León mientras estaba centrado en cuestiones de teología, y tienen el valor, como decía Álvaro Pombo refiriéndose a otra cosa, de la literatura escrita de reojo, como una actividad quizá secundaria pero por eso mismo también muy necesaria.
La de Shepard es una escritura sin artificios ni trucos inesperados, ajena a toda ornamentación, despojada, de un laconismo que tal vez recuerde a Rulfo, a quien Shepard cita en Cruzando el paraíso. También Crónicas de motel  se abre con una cita de un autor hispánico, en este caso ese gran poeta que es César Vallejo. En estas Crónicas de motel, escritas con anterioridad al guión de la mítica París, Texas, de Wim Wenders, Shepard nos transmite el sabor de la carretera, el olor a gasolina, la condición en algunas ocasiones de oasis de los moteles.
Se trata de historias muy breves que combinan diferentes narradores. Entre sus páginas encontramos camioneros que llegan a un motel tras kilómetros y kilómetros de carretera, breves narraciones de rodajes (las referencias cinematográficas están bastante presentes), vaqueros con sombreros de ala ancha, por no hablar de la vastedad infinita del desierto. Sus historias transmiten humanidad, generan empatía en el lector. Son, en definitiva, de una sencillez sorprendente.
Y para aquellos a los que estas crónicas les sepan a poco y quieran hacerse una idea más cabal del universo literario de Sam Shepard, les recomendamos los relatos más extensos y quizá también más complejos de los volúmenes El gran sueño del paraíso y Cruzando el paraíso. Sirva esta reseña como invitación para leer a Sam Shepard.
Jesús Artacho Reyes

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