martes, 5 de junio de 2012

Conversando en diferido con JESÚS ORTEGA


Comenzamos una semana más en La Biblioteca Imaginaria, y lo hacemos con una nueva e interesante entrevista. El entrevistado en esta ocasión (vía email, como casi siempre) no es otro que Jesús Ortega, escritor de cuentos nacido en Melilla pero afincado en Granada, que con su segundo libro de cuentos, “Calle Aristóteles” se está reafirmando como uno de los escritores de relatos imprescindibles de la actualidad.
 Hablamos con Jesús sobre su nuevo libro, también de otros temas. Pero mejor que lo descubráis por vosotros mismos, pues yo os dejo ya con las palabras del autor:

¿Cuándo comenzaste a escribir?
En el colegio. Cuando un profesor de lengua barbado y bueno que se llamaba José Antonio y era militante de Comisiones Obreras empezó a proponernos la escritura de cuentos a partir de aquel juego célebre de Gianni Rodari, el binomio fantástico. 

¿Qué encuentras en el cuento que no hallas en otro género?
La posibilidad de atender una historia completa y compleja, disfrutada de principio a fin, en una sola sentada. Es lo que conecta el cuento literario con la narración oral. El cuento obliga a detenerse un momento y prestar atención a toda la historia. Para Poe este momento podía durar entre media hora y dos (hoy lo hemos reducido bastante). Y para que esa narración nos logre captar por entero son necesarias la intensidad, la tensión, la concisión, las especialidades del cuento como género narrativo.

Por cierto, ¿qué debe tener un buen cuento, según Jesús Ortega?
Un buen cuento es una aleación misteriosa. No hay recetas, nadie las tiene. Hay un buen cuento cuando hay un cuento memorable. Si el cuento se olvida, ha fracasado. Claro que hay muchas maneras de conseguir prender en la memoria del lector, y lo que para unos funciona, puede no servir para otros. Si hago repaso de los relatos que admiro y que me acompañan toda la vida, encuentro en ellos algunos rasgos comunes. Son esos rasgos los que yo procuro subrayar o perseguir en los míos. Sobre todo, intensidad moral y emocional.

©Antonia Urbano

Se lleva últimamente mucho “el cuento experimental”. Sin embargo, tú apuestas por estructuras, digamos, más convencionales y personajes más llanos. ¿Te ves escribiendo de otra manera?
¿Qué significa una estructura "convencional"? Tal vez te refieras a que en mis cuentos hay una constante intención de narrar. Que pretenden ser, como pedía Isak Dinesen, inquebrantablemente fieles a la historia. Y no hay historia sin personajes. En mis cuentos, precisamente, toda la fuerza de lo narrado descansa en los personajes. Son ellos -su voz- el origen y el centro de todas las historias. Por eso intento que mis personajes no sean "llanos", y que los cuentos giren en torno a sus intensidades emocionales y morales. Admiro la complejidad de personajes de cuentos con estructuras tenidas por "convencionales", como la Joy de "La buena gente del campo" de Flannery O'Connor, la protagonista de "Bola de sebo" de Maupassant o el Young Sánchez de Aldecoa.
Cuando me apetezca escribir de otra manera, supongo que lo haré.
 
Calle Aristóteles es tu nuevo libro de cuentos. El libro lleva el nombre de uno de los cuentos. ¿Por qué el de ese y no el de otro del recopilatorio?
Hay muchas maneras de titular un libro de cuentos. Hay veces en que el título precede a su escritura. Pero yo no tenía una idea previa del libro, nunca la tengo, sino que concibo la escritura de mis cuentos como piezas únicas y autónomas. Es después, al juntarlas, cuando me doy cuenta de que comparten un mundo y una mirada. Y entonces viene el peliagudo asunto del título. Lo discutí largamente con mi editor, Miguel Ángel Arcas. Barajamos títulos que de alguna manera explicaran el libro o concentraran algunas de sus ideas, pero ninguno nos convenció. Finalmente optamos por el método clásico de extraer el título de uno de los cuentos. "Calle Aristóteles" nos parecía atractivo pero arriesgado, y ahora no concibo que el libro hubiese podido llamarse de otra manera. 



¿Cuál de los cuentos de este libro te costó más escribirlo?
"Pájaros", quizá. Lo ideé en 2005, lo pensé y repensé, y transcurrieron cinco años hasta que encontré el tono y el lenguaje que necesitaba para poderlo escribir. En ese tiempo, como no quería incurrir en frivolidades ni inverosimilitudes, estuve manejando mucha documentación sobre sectas y sobre el Opus Dei.  

¿Eres de los que se aparta para que pasen los otros caminantes o, por el contrario, todo el mundo se aparta a tu paso?
Depende de si subo o bajo una escalera, de si llevo bolsas o libros en la mano, o de si voy acompañado: dos peatones mandan sobre uno, tres sobre dos, pero no cuatro sobre tres. No obstante, siempre he creído que ceder el paso es señal de distinción, y que la cortesía no es un disfraz del miedo. 

¿Harías las paces con alguien que te dijera que tienes cara de llamarte Antonio?
Que alguien piense que uno tiene cara de llamarse Antonio casi nunca tiene nada de ofensivo. Y las paces solo las haría con quien haya sido sincero en la guerra.



¿Te has sentido alguna vez un pajarillo a merced de las águilas?
Muchas veces. Y he sido águila también. Como todo el mundo.

¿Qué esperas que encuentren los lectores en “Calle Aristóteles?
Por lo menos un cuento que los conmueva y que no sean capaces de olvidar.

¿Qué nuevos proyectos literarios tienes en marcha?
Aún estoy muy cerca de "Calle Aristóteles". Siempre escribo, seguiré escribiendo hasta que el proyecto aparezca.

Muchas gracias, Jesús, por tu tiempo, tus palabras y tus fotos personales. Esperamos que la “Calle Aristóteles” sea transitada por muchos lectores, y que no tarden mucho en florecer los nuevos proyectos.
Y a vosotros, amigos lectores, gracias, como siempre, por seguir incansables al otro lado de la pantalla.

Cristina Monteoliva

No hay comentarios:

Publicar un comentario