martes, 5 de junio de 2012

CATÁLOGO DE JUGUETES. Sandra Petrignani


Título: Catálogo de juguetes
Autor: Sandra Petrignani
Traducción: Guillermo Piro
Editorial: La compañía / Páginas de Espuma
Págs: 160
Precio: 15 €

No sé muy bien qué nombre darle a los textos que componen el Catálogo de juguetes de Sandra Petrignani. Escogí el libro pensando que era de cuentos pero al leerlo descubro que no son eso exactamente. Tal y como el título de la obra indica se trata de un catálogo. Así que está compuesto por descripciones de cada uno de los objetos que lo componen. Sesenta y cinco en total, cada una de ellas correspondiente a un juguete concreto. Pero son mucho más que eso, porque no solo definen una cosa, sus usos y peculiaridades sino que nos llevan a la época en la que los sitúa la autora y nos muestran de qué manera los niños de entonces jugaban con ellos. En cualquier caso y, prescindiendo de etiquetas, merece la pena leerlos.
Publicado por primera vez en 1988, aparece en esta nueva edición traducido por Guillermo Piro y enriquecido con un posfacio a cargo del escritor, periodista y crítico literario Giorgio Manganelli. Ese posfacio no es otra cosa que la crítica sobre la obra que en su momento hizo Manganelli en Il Messagero.
Cuenta la autora que la idea de este libro surgió mientras veía a su hijo jugando, mientras observaba de qué manera tan diferente a la de ella cuando era niña se relacionaba con sus juguetes el pequeño. Corría el año 1985. A partir de ahí Petrignani realizó un viaje literario a su infancia, volvió a los años 50, en plena posguerra italiana. Y buceó en aquel universo paralelo que es el mundo de los juegos y la imaginación con la pericia de la periodista y la sensibilidad para los detalles de la escritora. Huyendo de sentimentalismos, subjetivamente, pero arrastrando al lector a ese viaje lleno de nostalgias y añoranzas que supone recordar la niñez.
Este Catálogo de juguetes deviene así una crónica costumbrista de aquella época. Una historia dentro de esa otra Historia, con mayúsculas, que nos explican los libros. Es también un ejercicio de memoria, un viaje a la propia infancia de cada lector. Porque pese a las dos décadas que separan mi niñez de la de la autora, soy capaz de reconocer la mayoría de juguetes como propios o presentes y reconocerme en algunos de los rituales que envuelven a cada juego. Tal vez los lectores más jóvenes no compartan tantos referentes pero, entre los sesenta y cinco objetos de Sandra Petrignani hay muchos que son universales y que han perdurado en el tiempo. Incluso parece imposible que las generaciones futuras vayan a poder prescindir de una bicicleta, un balón o un osito de peluche (su preferido y el mío también), aunque todo se andará.
María Dolores García Pastor

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