martes, 5 de junio de 2012

CASA DE AIRE. Francisco Cenamor


Título: Casa de aire
Autor: Francisco Cenamor
Editorial: Amargord Ediciones
Págs: 81
Precio: 8 €

Francisco Cenamor es un poeta bastante conocido en internet gracias a su blog Asamblea de palabras en el que mantiene la noble tarea de dar a conocer o citar a otros autores y, al mismo tiempo, publicitar certámenes literarios para general conocimiento de los lectores y creadores. También es un poeta con diversos libros publicados o sea que Casa de aire se inscribe dentro del proceso de avance, de desarrollo, de investigación del autor  quizá empeñado en encontrar la voz que le defina. Eso que, a la postre, es lo que diferencia a un autor de otro. Y Casa de aire es un libro que contiene a su vez distintos libros, distintas visiones expresadas en diversas partes. Es un libro de certezas cotidianas. Contiene un prólogo en el que Muhsin-Al-Ramli escribe precisamente de esas diversas partes y del porqué de esa división. La primera, Casa de aire propiamente dicha, habla  de la vida cotidiana de una mujer en diversas imágenes o fragmentos. Una segunda en la que el cine tiene un papel protagonista, Ríos de gente. Y la tercera, Última función, en la que parecemos asistir a la representación de la propia vida.
En la primera parte sobresale la reiteración de algunas palabras que pueden dar muestra del tono de la misma: golpe, caer, dolor, vacío, daño. Versos escuetos, como en todo el poemario, pero a la vez reveladores. Versos contundentes, versos que contienen verdades cotidianas comunes entre nuestras vidas. Son composiciones en donde los cierres suelen ser muy llamativos.

“La noche
es propicia
para el golpe” (p.15)
O también (p.19):
“No era tan fácil
llegar y no ser nada”
O (p.21):
“Tu nueva casa de aire
te atrapa.
Nada cabe en ella”

O (p.24):

“De suspiros
se llena tu casa.
Tan grande. Tan vacía”

Y hay dureza, la dureza que adivina una historia, una vida, una realidad tan confusa como real, tan aparentemente común como demuestran las noticias de los telediarios, día tras día (p.39):

“Doña Bolsas
de los niños que te siguen.
Hechicera
del olor de otros.
Madre de raídos peluches.
Y de siete muñecas rotas”

Y el fin del último poema, de esta primera parte, anuncia como artificio la siguiente, Ríos de gente, mediante la reiteración de las palabras. Segunda parte que no se divide en números romanos sino en fragmentos horarios de lo que sucede en la vida, como secuencias de la misma separadas por horas, minutos y segundos. Monotonía de relatos fílmicos de la vida con una clara vocación de mostrar la realidad como una cámara. Hay descripción de hechos, conversaciones y crueldad expresada en pocas palabras (p.52):

“-El otro día. Un infarto. Al menos no sufrió.
Siempre hay algún tendero que te cuela una fruta podrida”

Hechos luctuosos y hechos cotidianos como parte de una misma realidad que no diferencia, que es transmitida con nitidez, con objetividad del mismo modo, sin distinguir, porque esos mismos hechos se entremezclan en nuestras vidas. Podredumbre y mortandad.
La parte final, Última función, es mucha más breve. Dividida como una comedia en cinco únicos actos. Aquí el autor no establece ningún nexo de unión con la anterior. El teatro de la vida y el propio espectáculo son ya una misma cosa. Quizá porque la línea que va uniendo las partes –la vida, la cotidianidad, la monotonía- forma un único núcleo que puede ser visto de diversas maneras. Casa de aire, Francisco Cenamor.
Luis Vea

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