martes, 5 de junio de 2012

CÁNDIDO. Voltaire


Título: Cándido o el optimismo
Autor: Voltaire
Ilustraciones: Óscar Astromujoff
Traducción: José Ramón Monreal
Editorial: Nova Era Publications
Págs: 224
Precio: 37 euros

Una vez más regresa el Cándido de Voltaire (1694-1778). Y como feliz noticia, diremos que no se presenta solo. Trae a un compañero que también lleva su mismo nombre y comparte su misma historia pero los dos Cándidos son muy únicos, a pesar de las similitudes y diferencias que han vivido y padecido.
Cándido intentó besar a su amada Cunegunda detrás de un biombo en el  castillo de Wesftalia donde vivía. Lo sorprendió el barón Thunder-ten-tronckhy, le dio dos patadas en el trasero y lo echó del castillo. Desde entonces, Cándido viajó y a cada sitio que llegó le intentaron engañar, le humillaron, le obligaban a perder su inocencia pero él sabía que estaba en el mejor de los mundos. En la obra más conocida del filósofo y escritor Voltaire, se pueden sentir numerosos dardos a la religión, a la intolerancia y severidad de los más poderosos con los menos afortunados, a lo injusto que pasa por justicia cuando quien la padece no puede pagar más que un altísimo precio por merecerla. Allí, en El Dorado de las Américas donde un día llega, aprende que pocas riquezas pueden igualar al rico verdadero, al que siente que el otro no es tan ajeno a uno mismo, que ese otro cuenta con las mismas debilidades y miserias conque cuenta uno mismo. Siempre le acompaña un buen amigo que no permite que se corrompa su inocente corazón, ni ser negativo ante las desgracias, ni pesimista frente al dolor por extremo que sea, y esos amigos, el filósofo Pangloss, el no menos filósofo Martín, el noble veneciano Pococurante, le abren el entendimiento de que sí, de que a pesar de todo, este es el mejor de los mundos y que el amor, la sencillez, el sentido profundo de todo, antes que la forma que lo envuelve para endulzarlo y medrar, están ahí para defenderlo de las alimañas y los necios, de los que poseen tanto por no poseer nada, puesto que al final, lo que sustancialmente importa, es trabajar la tierra, cultivar el huerto, ser uno mismo y no ser un esclavo tiranizado por el impermeable látigo de las apariencias. Con el huerto que se cultiva, se puede combatir al mundo y vivir en armonía con el amor de Cunegunda, bajo el amparo de las aventuras vividas como recuerdos perpetuos que invitan a no olvidar lo que no se debería. Y aprender, aprender de ello para futuras contiendas en la constante pelea del vivir.
El otro Cándido que le acompaña son más de 120 ilustraciones del artista y pintor Óscar Astromujoff. Obra digna de coleccionistas este nuevo Cándido, obra para enriquecer y elevar la biblioteca de los que no tendrían porque confundir precio con valor. Apenas le bastan al artista creador del nuevo Cándido un trazo como relámpago, una línea alargada que por la sombra que diluye se nota el nervio interior  de la acción, el reflejo exterior de la consecuencia, el río que discurre por esos negros y marrones desvaídos sin pretensión de mortificar ni melodramatizar el dolor, de lo que a Cándido le ocurre allí donde llega, allí donde le aguardan posibles aventuras y no menos probables penitencias.
Han pasado más de 250 años desde la primera edición (1759) y las miserias que Voltaire retrató en esta interminable obra, por desgracia mantienen hoy muchas de aquellas oscuridades y desaciertos. Las obras verdaderamente logradas (en su cómo y en su porqué) tienen el sabio don de leernos, y cuando lo hacen, ya no podemos continuar siendo los mismos después de orar en su bello templo. Sencillamente porque como diría Cándido, estamos en el mejor de los mundos y es menester cultivar el huerto.
Ubaldo R. Olivero

No hay comentarios:

Publicar un comentario