martes, 5 de junio de 2012

APUNTES DE LA CASA MUERTA. Fiódor Dostoyevski


Título: Apuntes de la casa muerta
Autor: Fiódor Dostoyevski
Traducción: Juan Luis Abollado
Editorial: Alianza Editorial
Págs: 480
Precio: 12 € (edición de bolsillo)

Apuntes de la casa muerta, escrita por Dostoyevski (1821-1881) y editada por Alianza Editorial, es una suerte de biografía del autor cuando tuvo que cumplir condena en el penal de Siberia de Omsk entre 1850 y 1854. La obra se publicó en 1862. No fue la novela que lo consagró como uno de los grandes escritores rusos del siglo XIX pero en ella ya se encuentra su enorme perspicacia, sus análisis psicológicos profundos de personajes, su necesidad del sentido moral y espiritual del hombre (muy patente en sus celebérrimas novelas; Crimen y Castigo, Los hermanos Karámov y El Idiota, aunque siempre presente en toda su obra). En ella se ve el embrión de esas cualidades que le harán ser uno de los grandes de la Literatura Universal.
Dostoyevski fue encarcelado el 23 de abril de 1849 y condenado a muerte por actividades contra el gobierno. El 22 de diciembre del mismo año, con 28 años, se le trasladó para fusilarle pero se le conmutó la pena de muerte por la de de trabajos forzados en Omsk, Siberia, donde estuvo cinco años. No terminó de cumplir la condena porque Alejandro II decretó una amnistía general. La obra la publicó en 1862, pero no tuvo éxito ninguno y fue uno de los motores para su depresión, caída en el juego y eternas deudas (El jugador es su novela que mejor trata ese problema); ha sido el tiempo quien la ha colocado donde debe estar.
La novela está tratada como si fuera la publicación de unas memorias, supuestamente encontradas, de Alejandro Petróvich, donde nos narra sus experiencias en la prisión. No están completas, por lo que solo se supone, nos muestra fragmentos de las mismas. Las páginas nos cuentan sobre todo el primer año de los diez en los que Alejandro estuvo en Siberia: nos describe el ambiente, los presos, cómo reaccionan, cómo son, cómo se mueve él entre ellos. La necesidad de integrarse, cosa que no acaba de conseguir por el rechazo de todos hacia él; un hidalgo, por lo tanto un enemigo.
Cada capítulo está más o menos dedicada a uno de los presos, nos describe, desde su gran capacidad psicológica, no solo cómo es, el porqué de estar ahí condenado, sino cómo lo disculpa, lo engrandece, le da una humanidad, una que ahí, precisamente, escasea.
Nos habla de las condiciones del trabajo, de los castigos corporales y morales, de los privilegios, de la soledad, del horror, de él mismo, ya sea como observador que narra, ya sea como protagonista que sufre, vive y necesita entender.
Quizá su capacidad de objetivarlo todo, de verse a sí mismo desde fuera, de querer ver en los demás lo mejor, de buscar la moral y lo espiritual en todos, le ayudó a sobrevivir ahí. Con una lucidez clarividente aferrándose a los libros, al alma, lo logró, logró sobrevivir no solo físicamente sino moralmente, a unas situaciones infrahumanas, aunque peores serán en unos años cuando sea Stalin y no el Zar Nicolás quien las gobierne, cuando entre el GULAG en juego, todo lo que cuenta, quedará casi como privilegio.
Apuntes de la casa muerta no es una de las obras que, en general, nos viene a la mente cuando se enumera la obra del gran escritor. Es la gran desconocida. Ahora Alianza Editorial nos la acerca en esta nueva reedición.
Eva Monzón Jerez

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